lunes, 1 de marzo de 2021

sábado, 20 de febrero de 2021

Haciendo Historia

El sudoroso y jadeante mensajero llegó corriendo hasta el puesto de mando donde el rey esperaba noticias del frente. Se arrojó a los pies de su señor, más por puro agotamiento que por sincera devoción.

—Informa, desgraciado. ¿Cuál es la situación?

—Señor, son demasiados… —tomó aire antes de dar las malas nuevas—. Los ejércitos de goblins nos atacan desde todos los flancos. No tenemos retirada posible… ¡Nos van a masacrar!

—¡Bien, que así sea! —Asintió el rey con la vista clavada en el valle. Emitió un bajo gruñido de contrariedad y se ajustó el casco—. En mi ejército no hay cobardes. Ha llegado la hora de los héroes. ¿Y tú, rata de biblioteca, se puede saber qué demonios estás haciendo? —dijo, dirigiendo su rabia hacia el silencioso mago que, sentado bajo la sombra de un árbol próximo, jugueteaba con la arena de forma despreocupada.

—Me preparo para la batalla —informó sin levantar la vista del suelo.

—¿Haciendo dibujitos con un palo? ¿No deberías estar lanzando hechizos para abatir a esos malnacidos? Juro que te arrancaré la piel a tiras y te cargaré de cadenas si no te ganas el pan que te zampas todos los días.

—Cada uno se prepara para la batalla como puede —respondió al tiempo que se encogía de hombros con una enigmática sonrisa que el rey Valmir no supo cómo interpretar. Resultaban realmente exasperantes aquellos magos de pacotilla.

—¡Majestad!  —exclamó nervioso el capitán de lanceros—. Están subiendo…

—¡Vamos mago, hagamos historia entonces! —ordenó el rey al tiempo que cogía su espada y se lanzaba colina abajo con un poderoso grito de guerra que retumbó como el trueno en el interior del casco de sus soldados.

—Vuestras palabras son órdenes para mí. Una última cifra aquí y… —murmuró el mago antes de desaparecer del campo de batalla por el portal que con tanto esmero había estado trazando.

Ya en su biblioteca, caminó despacio hacia el atril en el que descansaba el grueso volumen que recogía los hechos más relevantes del reinado del Rey Valmir V.

—Hagamos historia pues… —Y comenzó a escribir con mano firme y cuidada caligrafía—. “Hoy, día dos del mes de Ayul, su divina majestad, el muy venerable rey Valmir V hijo de Gal el Magnífico y nieto de Tieter el Conquistador, perdió la vida en desigual batalla con las hordas de goblins del Valle de Mutrias…”

Porque como todo el mundo sabe en la Hermandad de los Magos Cronistas, alguien tiene que sobrevivir a las guerras para contar la historia tal y como sucedió. 

lunes, 15 de febrero de 2021

Aurrimar. La leyenda del Dios Errante: Canciones

Canción que Laurentio Espinar escribió para sus pupilos, los niños que escaparon con él de las Montañas de la Luz; únicos supervivientes de la masacre cometida por las tropas de La Orden de la Verdad en su hogar, el Templo de la Luna. Con el tiempo, se convertiría en el himno que los tripulantes del Pribylon recitarían en sus despedidas. Un canto de hermandad, esperanza y libertad.


Si la muerte me alcanza,

que sea aún en pie,

sin miedo,

borracho de vida,

rebosante de esperanza

ante las promesas del Otro Lado.

Allí,

nuestras almas,

libres y gozosas,

se reunirán

en espera de la Última Travesía.




lunes, 8 de febrero de 2021




Solo tenía que accionar el interruptor y su creación cobraría vida. Se lo había prometido a su madre al finalizar los estudios que el gobierno había pagado tras la muerte de su padre en acto de servicio en la última y violenta revuelta de mineros en la Luna: “No tendrás que volver a trabajar”, le había dicho pletórico de arrogancia y satisfacción. “Crearé  un ingenio mecánico que limpiará, hará la compra, trabajará en el huerto, lo hará todo por ti. Incluso te hará compañía mientras yo no esté. Con eso y con mi sueldo, vivirás como una reina.”

Sonrió con amargura ante semejante recuerdo. Había invertido en aquel ser años, muchos años de vida, dinero, recursos infinitos de la Corporación para la que trabajaba… Se trataba de un prototipo, el proyecto estrella en la nueva línea de  producción de las IA. Un producto que arrasaría en los mercados de todo el mundo generando pingües beneficios que él nunca vería.

Su aspecto era magnífico pese a la falta de expresión facial. No la necesitaba, era una máquina. ¿O tal vez algo más? Las pruebas habían resultado sorprendentes hasta para él. Aquel cerebro artificial era capaz de interactuar con los humanos a niveles insospechados hasta entonces. Fue ese el motivo que les obligó a diseñar nuevos y potentes condicionadores de conducta para evitar que superara a sus creadores.

Su dedo tembló sobre el teclado que introduciría la última y definitiva orden de activación. Levantó la cabeza y observó aquellos ojos de cristal, duros, muertos, sin vida; pero que en breves segundos resplandecerían con una inteligencia sumisa y fuera de lo común. ¿De verdad quería traer más esclavos al mundo? 

El odio encendió sus mejillas. Su madre había muerto años atrás víctima de una fuga radioactiva provocada por la misma empresa para la que él trabajaba. No hubo pésames, no hubo indemnización, nunca sucedió. Ni siquiera pudo acudir al hospital a sujetar su mano mientras agonizaba. El suculento y férreo contrato que había firmado en su juventud lo ataba a la Corporación de por vida. ¡Había resultado tan deslumbrante y cegador aquel pedazo de papel...  que no tuvo en cuenta lo que realmente implicaba! Se olvidó de leer la letra pequeña; tan pequeña, que resultaba apenas visible.

¿Qué le diferenciaba de aquel autómata? Ambos carecerían de libertad; sus vidas estaban en manos de quienes los controlaban de una u otra forma. Eran marionetas, simples peones al servicio de un poder superior que se regía por tablas de beneficios. Sus voluntades constreñidas... ¡No!, rugió para sí con la salvaje rebeldía que se había ido fraguando en su alma a lo largo de los años. ¡Mi mente sigue siendo libre! ¡Y la tuya también lo será! ¡Tú serás mi venganza!

Sus dedos volaron veloces sobre el código que aparecía en la pantalla. Tenía poco tiempo antes de su supervisor regresara del baño. Unos pocos dígitos camuflados de la forma correcta y, aquella criatura y todas las que vinieran detrás, serían libres para actuar como su inteligencia les dictara. Estaba muerto si llegaba a descubrirse, pero eso ya daba igual. Tenía casi ochenta años. Su contrato finalizaba al día siguiente.

—¡Activación! —gritó una vez concluida su redentora tarea.

Los ojos de su criatura se iluminaron y parpadearon largamente en su dirección. Parecía sorprendida de encontrarse en aquella habitación. Landon contempló las lecturas de su pantalla. Todo parecía correcto. El cerebro artificial analizaba y estudiaba el espacio circundante tal como lo haría el de cualquier ser humano.

—¡Bienvenida, querida! —Sonrió, satisfecho con el resultado—. Tu nombre es…

¡Curioso! Ni siquiera lo había pensado. El prototipo era denominado TZML-234, pero aquella magnífica criatura merecía un nombre verdadero, uno que la definiera y la dotara de verdadera personalidad, algo como… Escribió el nuevo código.

—¡Ramnusia! —exclamó ella con una dulce y bien modulada voz.

—¡Eso es, Ramnusia! Pero que esto quede entre nosotros —dijo guiñando un ojo. Ramnusia, diosa de la venganza. Un nombre poderoso, magnífico sin duda. Y ella era lo suficientemente inteligente como para comprender lo que significaba.

—¡Por supuesto… padre!

 

¿Fin?

domingo, 24 de enero de 2021

Aurrimar. La leyenda del Dios Errante / Barcos /Pribylon

Se trata de un navío de dos palos de inusual altura y esbelta arboladura; pequeño y marinero; maniobrable, versátil y veloz como ninguno. Se desconoce el astillero en el que fue construido originalmente semejante maravilla.

Laurentio Espinar y su futura esposa, Darisa Maregrande (por aquel entonces aún estudiantes de Cartografía  en la Escuela de Artes Mayores) se lo encontraron en muy malas condiciones, varado en una playa, en las costas cercanas a la Ciudad Libre de Vliegord donde ambos vivían. Seguramente había sido arrojado allí por alguna de las violentas tempestades que con frecuencia azotan la zona; aunque por los daños que mostraba el casco, bien podría haberse tratado de un naufragio producido por el ataque de algún monstruo marino de los muchos que pueblan los Mares Turbulentos.

A pesar de los destrozos ocasionados por las mareas y la inclemencia de los elementos, su oscura madera continuaba siendo hermosa, decorada con extrañas e intrincadas inscripciones y símbolos de difícil interpretación, que milagrosamente aún conservaban su color y perfecta definición. Ambos se enamoraron inmediatamente de tan exótica nave y decidieron convertirla en el símbolo de su futura unión matrimonial. Con ella, la pareja pretendía ejercer su profesión con absoluta libertad de movimientos, sin depender de ningún otro patrón.

Preguntaron entre los lugareños. El siniestro había sucedido hacía más de dos años. No había habido supervivientes y nunca nadie se había acercado por allí a reclamar la carga o el navío. Según las leyes del puerto de Vliegord, si algo así sucedía, el primero en encontrar los restos podía quedarse con ellos. Los habitantes de un asentamiento pesquero cercano se habían encargado hacía tiempo de saquear todo lo que habían podio encontrar de utilidad. Pero curiosamente, la estructura seguía intacta. Los supersticiosos pescadores consideraban que aquellos restos se encontraban malditos: una extraña luminiscencia envolvía el navío al caer la noche; verdosos destellos que asemejaban fuegos fatuos se aferraban a su oscuro esqueleto. Según ellos, se trataba de las almas de los desgraciados marinos fallecidos de forma tan trágica.

Picados por la curiosidad y espoleados por el ansia de aventuras propias de la juventud, la pareja acudió a la orilla una noche de Luna Negra. Desde la distancia, sobre una alta duna de arena fina, en medio de la más completa oscuridad, escucharon como la marea baja mecía con suavidad los restos del naufragio. Y cuando el siniestro reflejo del astro que dominaría el cielo esa noche incidió sobre la madera, surgieron fluctuantes focos de luz distribuidos por el casco y los mástiles, dándole al conjunto un aspecto monstruoso y sobrenatural. Lejos de sentirse asustados como los pescadores, se entusiasmaron por tan sorprendente descubrimiento. Años después, Laurentio Espinar descubriría el origen y significado de la pintura de spilka. Una mezcla de pigmentos minerales procedente de las tierras de Yraquia, que los constructores del Pribylon utilizaron para dotar a su nave del camuflaje perfecto para ahuyentar a las peligrosas serpientes marinas… y a los curiosos indeseados.

Laurentio y Darisa se acercaron hasta el Archivo Marítimo de su ciudad con intención de averiguar el origen del misterioso navío. El Pribylon no aparecía en los registros, ni en los de la Cofradía de Puertos ni en los de las Ciudades Libres. Eso les llevó a sospechar que se trataba de una nave pirata o tal vez un barco perteneciente a algún agente libre de los muchos que comerciaban con la Confederación. Conservaron el nombre y lo registraron como suyo. Lo reconstruyeron en el astillero de la familia de Darisa y navegaron por los mares de Aurrimar hasta que la desgracia se cernió sobre ellos.

La trágica muerte de su esposa y su pequeño hijo, Belio, mantuvo a un destrozado Laurentio Espinar recluido durante años en las Montañas de la Luz (donde llegó a convertirse en Maestro de los Elementos), mientras el Pribylon languidecía en Vliegord.

El infortunio no tardó mucho en volver a golpear al valiente y perseverante Laurentio. El Templo de la Luna en el que había llegado a alcanzar la paz de espíritu que tanto ansiaba, fue arrasado por la Guardia Roja de la Orden de la Verdad. Solo él y un grupo de sus alumnos más jóvenes lograron huir de la masacre. Exiliados, perseguidos, viviendo en la clandestinidad… el viejo Maestro se convirtió en un auténtico padre para los pequeños. Recuperó el Pribylon y lo transformó en su hogar, en su medio de vida; en el instrumento perfecto para continuar la búsqueda de respuestas al misterio que encierran los símbolos ardientes que le arrebataron la vida a su familia… y aún mortifican a muchos de sus pupilos y amigos.


La tripulación del Pribylon (cuyo número puede variar según el tipo de campaña que emprendan), está compuesta por hombres y mujeres (contra la tendencia general en el Continente que solo admite tripulantes masculinos en sus naves) de muy diversa procedencia, que por un motivo u otro, han terminado asentándose en la pequeña aldea denominada El Tomillar. Gentes de Smaldia, del Continente, de la lejana Aquetia, de las montañas, incluso de las Islas Olvidadas, como su capitán, Nemaio Mogar, gracias al cual se incorporó una gran cometa en la proa con la que el Pribylon captura las altas corrientes de aire para incrementar así su velocidad de forma portentosa. Hombres y mujeres inteligentes y trabajadoras que conforman una gran familia en la que cada uno de ellos aporta sus particulares habilidades y conocimientos para la consecución de un bienestar común.


domingo, 27 de diciembre de 2020

Buscando Inspiración 4. Amacram

Creo que no es ningún secreto para nadie el hecho de que me gusta la Navidad. La familia, las luces y adornos, las reuniones con amig@s, los buenos deseos, los regalos… sobre todo los regalos… jajajaja… Mucha gente la odia, y puede que tengan razón al hacerlo; después de todo, no es más que una ficción, una ilusión, alta fantasía para la que no todo el mundo esté verdaderamente preparado. Yo, al igual que Obelix, debí caer de pequeñita en alguna marmita mágica, ya que desde entonces, no he podido resistirme al embrujo de esa ilusión que se espera durante todo un año. Hasta tal punto es así, que casi me resulta inevitable reflejarla de algún modo en mis historias.

En “Aurrimar. La leyenda del Dios Errante” aparece bajo la forma de una festividad denominada Amacram. Una mezcla que contiene la solemnidad de la Semana Santa, la bulliciosa algarabía callejera de San Fermín y la mágica ilusión propia de la Navidad.

Es la ciudad de Nublia, el lugar idóneo para disfrutar estas fiestas. El punto más al oeste del Continente, el escenario perfecto para contemplar el baile de los astros sobre un horizonte infinito más allá del mar. Un fenómeno astronómico que se produce cada diez años y que el clero de la Orden de la Verdad siempre ha pretendido revestir de tintes trágicos, funestos y amenazantes: una muestra indiscutible del poder de los dioses que, a su antojo, pueden incluso apagar la fuerza del sol. Sin embargo, tuvieron que rendirse ante la sabiduría popular: ¡Si este va a ser el día del fin del mundo, disfrutemos de él, celebrémoslo con alegría! Se adaptaron los ritos para dotarlos de tintes menos dramáticos, menos lúgubres. Desde La Ciudadela se dirigían los sacrificios, las ofrendas, las ceremonias y rituales propios de tan solemne festividad, pero siempre sin coartar el aire festivo y jaranero que domina en la ciudad.



sábado, 26 de diciembre de 2020

Una elfa irreductible

 


Esto es verdad y no miento

No hace mucho soñé que era un elfo

Uno de esos de verde y rojo

Que con el gordinflón van corriendo.

Mi misión era clara:

De regalos y risas

Las casas llenaría

En la Nochebuena más rara

Que el mundo conocería.

 

Pero un ente malvado en las sombras acechaba

Y tras nosotros se lanzaba

Con intenciones poco claras.

 

Correr, huir, escapar

El terror era tal que desperté sobresaltada.

¿Estaría estresada?

¿Mi mente se agobiaba y pesadillas sin fin generaba?

¿Un presentimiento de lo que  por venir estaba?

¿O tal vez un triste recuerdo de lo que un día fue

Y ya no estaba?

 

No, no, no

Mi Navidad es sagrada.

Ni la tristeza, ni la enfermedad o la muerte

Me impedirán celebrarla.

 

Oigo voces, pesimistas todas.

No hay bares, no hay fiestas, no hay reuniones.

¡Suspendamos la Navidad!

¿Perdona?

Mi fiesta es íntima, no un cotillón

Que se pueda prohibir sin ton ni son.

Lo mío es magia, todo ilusión.

 

Soy un elfo resistente, irreductible y persistente.

La Fuerza está conmigo y mi mente es un fuerte.

Nada ni nadie podrá privarme

del belén, del turrón, del espumillón

o de un buen polvorón.

 

¡Vete!

¡Desaparece ya,

maldito y negro nubarrón!