domingo, 17 de octubre de 2021

Como ya sabéis, la brevedad no es lo mío, pero la otra noche, dándole vueltas al concurso de @manodemithril me vino esto a la cabeza. ¡Y aquí está! Mi aportación al #concursodelreino de #mireinoporunapluma

Espero que os guste.





viernes, 8 de octubre de 2021

Reseñas. “El Dracón y el lobo de fuego” por @gamerbloodlife


Muchísimas gracias a José (conocido en Instagram como @gamerbloodlife), por esta preciosa reseña. Saber de primera mano que la historia del Dracón le ha gustado, no puede hacerme más feliz.


¡¡¡Hola, #gameritos!!! Hoy va a ser un viernes de reseñas. Arrancó brindando mis respetos a Lady Yolanda Martín López, mejor conocida en este mundo como @adi_de_galatia, y autora de "El Dracón y el lobo de fuego".
Resumiendo esta novela en una palabra: ¡¡¡WAO!!! Y me quedo corto. La prosa de Yolanda es sumamente elegante, culta y refinada, cuidando hasta el más leve de los detalles, lo que lleva a una inmersión total en la historia.

Los lectores más "aventureros", por llamarlos de algún modo, podrán pensar que hay poca acción, pero es que, a mi gusto, esta es una novela íntima y profunda, que nos sumerge en la mente del protagonista de una manera sublime. Ah, pero sí hay acción, y acción de la buena. Al equilibrar la historia con pocos personajes, los combates son también concisos, directos y brutales; tanto así, que podemos sentir el dolor y las limitaciones de los combatientes. El dolor del pecho, la rodilla que flaqueaba, las heridas en los dedos...

Todo el desarrollo, que puede arrancar pausado porque se deleita en describir para que nos sintamos parte de ese mundo, va aumentando su ritmo hasta llevarnos a una vorágine de acontecimientos y revelaciones. No digo mucho más, porque tienen que leerlo, deben conocer a su protagonista, una especie de monje guerrero azotado por una "sed" infernal que no se sacia con agua, y a sus otros compañeros con sus bien desarrolladas personalidades.

A mi estimada Yolanda, felicitarla por tan hermosa obra y desearle todos los éxitos en su carrera en la literatura. Háganme caso, y busquen el libro, completamente recomendable. 

martes, 28 de septiembre de 2021

CoffeeBill


El joven  retiró la capucha del  chubasquero y se pasó el mugriento pañuelo por la frente para secarse el sudor. Le temblaba la mano y su corazón palpitaba de forma acelerada. Agotamiento extremo era lo que sentía. ¿Cuántas horas llevaban huyendo de aquellos monstruos? Ya ni recordaba la última vez que habían podido sentarse a descansar sin miedo a ser sorprendidos en cualquier momento. No había corrido tanto en su vida; y su cuerpo protestaba por ello. Su oronda barriga se veía tan mermada que apenas se reconocía en la espigada figura que le devolvía el opaco reflejo del cristal. 

—¿Hay algo comestible? —preguntó, al tiempo que iluminaba la papelera donde Anne rebuscaba como un ávido carroñero.

No pudo evitar que sus labios se curvaran con una pálida sonrisa, al verla moverse de forma furtiva por la sucursal de un banco que apenas unas semanas antes, se vanagloriaba de ser uno de los más influyentes del país; y que ahora nada representaba. El dinero no se come, le espetó su rugiente estómago.

Había sido una suerte encontrarse con aquella chica. Durante muchos días, había llegado a pensar que era el único superviviente de un Apocalipsis, cuyo verdadero alcance y magnitud desconocían por completo. No había electricidad, y los medios de comunicación habían desaparecido, devorados por lo que a todas luces parecía una especie de pulso magnético surgido de no se sabía dónde; y por supuesto, Internet era un vago recuerdo de lo que hasta hacía unos días era una civilización desarrollada.

Solo llevaba un par de meses en Bilbao cuando todo sucedió. Había llegado de Burgos con la intención de estudiar Derecho en la prestigiosa Universidad de Deusto. Se alojaba en el Casco Viejo, en un espacioso y renovado piso compartido con otros tres estudiantes de muy diversa procedencia: Carlos era vallisoletano, Esteban malagueño y Casper, el más veterano, inglés. Formaban un buen cuarteto. No habían tardado mucho en congeniar. Casualidades de la vida: todos ellos eran aficionados a los juegos de rol, así que las veladas en casa resultaban de lo más entretenidas.

En un principio, cuando la nube negra se instaló sobre Bilbao, nadie le dio la mayor importancia. Formaba parte del paisaje habitual de la ciudad. Pero lo que no resultaba tan normal era que lo mismo estuviera sucediendo en el resto del planeta. Los telediarios no se cansaban de elucubrar sobre tan peculiar fenómeno; y mientras, los científicos más prestigiosos, se mostraban incapaces de dar una explicación convincente sobre el origen de las perturbadoras nubes negras que habían comenzado a aparecer sobre Siberia. Salían como denso y oscuro vapor de los profundos y misteriosos agujeros que allí se habían ido formando en los últimos tiempos. Enormes e impenetrables formaciones gaseosas que la circulación atmosférica se encargaba después de distribuir por buena parte del globo.

Se trataba de un fenómeno peculiar y algo molesto, pero no grave. La gente simplemente se cansaba de no ver el sol durante días. Sin embargo, pronto las comunicaciones comenzaron a fallar. Los móviles apenas funcionaban y la señal de televisión se fue haciendo tan débil que resultaba imposible seguir el ritmo de los acontecimientos. Y entonces, un buen día, un trueno que reventó los cristales de la ciudad y que parecía el anunciador del fin del mundo, dio paso a la lluvia. Una lluvia oscura, espesa, abrasiva, letal.

El cambio no era instantáneo, pero bastaban unas horas para que el aceitoso fluido caído del cielo, penetrara en el organismo a través de la piel y trasformara a los humanos en seres rabiosos sedientos de sangre; aterradores zombis, como esos que poblaban las  películas y series a las que tan aficionados eran sus amigos y él.

—¡No! No hay nada —respondió Anne con un profundo suspiro que sonaba a derrota—. Solo montones de vasos de café vacíos. Está visto que los empleados de este sitio necesitaban mucha cafeína para soportar su apestoso trabajo.

Rodrigo miró a su alrededor. No había ni rastro de dichos empleados. Sillas volcadas, bolsos olvidados, chaquetas pisoteadas, polvo y suciedad… Al igual que el resto de la población, habrían huido despavoridos hacia sus hogares cuando el mundo comenzó a colapsar a su alrededor.

—Yo mataría por un café bien cargado en estos momentos —dijo pasándose la lengua por unos labios que sintió demasiado resecos y agrietados—. Mi madre lo preparaba delicioso, muy azucarado…

Su voz se fue apagando. El alma le dolía solo de pensar en los suyos. ¿Qué habría sido de ellos? ¿Estaría el resto del país en iguales condiciones que aquella maldita ciudad? Solo espero que no, y que envíen pronto a alguien que nos saque de aquí, se dijo con un estremecimiento. En realidad sabía que eso no sucedería. La ayuda debería haber llegado hacía tiempo. Miró de soslayo hacia Anne con cierto remordimiento. Su familia había perecido devorada por sus propios vecinos.

—Lo siento, no quería…

—No te preocupes. Es normal seguir teniendo esperanza. Tal vez puedas llegar a verlos. Solo necesitamos encontrar un trasporte que nos lleve a Burgos.

—Pues como no vayamos en bicicleta…

—¿Y por qué no?

—¿Por la lluvia? —respondió con acidez.  Se arrepintió al instante. Anne no tenía la culpa de su desesperación. Es más, si no llega a ser por ella, habría sido devorado hacía tiempo; o habría muerto de hambre, soledad y miedo en el piso en el que se había atrincherado y del que le aterraba salir. Aunque pensándolo bien, tal vez hubiera sido mejor morir con sus compañeros. ¿Qué futuro les esperaba en este oscuro mundo surgido del horror?

—Estamos en Moyua. Había un sitio… —murmuraba Anne acercándose a la puerta del cristal  para escrutar la calle.

—¿De qué hablas? —preguntó sin comprender qué importancia tenía encontrarse en una de las principales plazas de Bilbao.

—De tu café. Un sitio llamado CofeeBill. ¿No has oído hablar de él?

Negó con desgana. No llevaba tanto tiempo en la ciudad como para conocer todos sus establecimientos.

—Le pusieron el nombre por lo de rápido. Como Búfalo Bill, ya sabes… —dijo encogiéndose de hombros—. Era de unos conocidos. Les gustaban los westerns.

Rodrigo apagó la linterna y se situó junto a ella. Solo la luna iluminaba la plaza ocupada por los hambrientos seres surgidos de la lluvia.

—¿Crees que llegaríamos?

—Calculo unos doscientos metros hasta allí. A la vuelta de aquella esquina. ¿La ves? Guardaban los botes de café bajo el mostrador. Una impresionante muestra de granos de todo el mundo. Alguno quedará.

—Pero son demasiados… —decía paseando su nerviosa mirada de un lado a otro de la acera próxima—.  Sería estúpido morir por…

—¡Yo invito!

Se giró. Anne había empujado la puerta y ya corría oculta en las sombras. Ella era así, excitante como el café, optimista y arrogante, de Bilbao. No pudo menos que esgrimir una nerviosa sonrisa ante semejante tópico hecho realidad.

—¡Y allá vamos! —dijo con un estremecimiento de pura ansiedad. Ni la más delirante partida de rol había tenido nunca un escenario tan desquiciado como aquella cruel realidad en la que trataban de sobrevivir—. Si tengo que morir, que sea al menos deleitándome con un café bien cargado.

Se cubrió con la capucha y salió tras su compañera hacia lo que prometía ser… el paraíso de los muy cafeteros. 

lunes, 5 de julio de 2021

Noticias


¿Sabéis qué es esto? Se trata del manuscrito de mi nueva novela. Ya está registrada y ahora toca repasar, corregir, maquetar, diseñar portada… Tantas y tantas cosas quedan por hacer antes de que adquiera su forma definitiva y los lectores puedan disfrutarla…

En septiembre os iré contando más cosas sobre ella. De momento os dejo el título: “El Baile de las Quimeras”

¿Qué os sugiere? La foto que sirve de fondo puede daros una pista sobre el género literario en el que clasificarla. ¿No? Os diré entonces que se trata de una mezcla de drama familiar, Ciencia Ficción suave de aire clásico, Fantasía desquiciada… ¿Os ha picado la curiosidad? Pronto tendréis más noticias de esta aventura que transcurre en un mundo muy diferente a Aurrimar, donde hasta ahora se ambientaban el resto de mis novelas.

Manías de escritor

Hace unos días, un colega de Instagram, el autor Antonio López Sousa (@los_libros_del_sr_lector), me retaba a enumerar mis manías como escritora. La verdad es que no tengo demasiadas, y ni siquiera sé si llamarlas manías, pero aquí van algunas de ellas:

 

*Cuando empiezo a escribir una historia siempre conozco el final, la situación a la que quiero que lleguen mis personajes. Eso no quiere decir que sepa exactamente qué va a suceder o cómo voy a describir los hechos, pero suelo desviarme bastante poco de esa idea original.

Supongo que esto va relacionado de alguna forma con otra de mis manías, en este caso lectora: me gusta leer las últimas frases de los libros antes de empezar a meterme en el relato. Considero que el final no es lo más interesante de las novelas (a no ser que se trate de descubrir quién es el asesino, claro). Es el cómo los personajes han llegado hasta allí lo que más me atrae. El desarrollo de la trama y la profundidad de los personajes es lo que me espolea para seguir leyendo.

 

*Los comienzos los escribo rápido. Al igual que los finales, se presentan de forma bastante clara en mi mente desde el principio. Es el desarrollo de la historia lo que generalmente resulta una auténtica incógnita, una sorpresa sin fin. Supongo que por esto me gusta escribir, porque aunque yo crea que controlo la situación, no es cierto. Las diferentes tramas surgen sin apenas darme cuenta y aunque parezca un tópico, los personajes poseen una asombrosa capacidad para salirse del guión cuando menos te lo esperas.

 

*No hago esquemas, ni guías, ni nada por el estilo. Escribo, sin más. Cuando el relato ya está bastante avanzado sí que suelo hacer una previsión de capítulos, que por supuesto raramente se cumple. También suelo hacer árboles genealógicos de los personajes y tablas con sus características físicas para no meter la pata en las descripciones.

 

*Me gusta poner títulos a los capítulos. Es un trabajo extra, pero esto también va relacionado con mis gustos lectores. Soy de las que leen una y otra vez los pasajes que más me han llamado la atención. Si hay un título es más fácil localizarlos.

No hace mucho leí a un autor (no recuerdo quién) que decía en una entrevista que no ponía títulos a los capítulos porque los consideraba una especie de spoiler. Puede ser. Yo intento que no sea así. Todo lo contario. Procuro que sean lo suficientemente intrigantes como para que el lector desee seguir leyendo. Si lo consigo o no, vosotros lo decidiréis.

 

*Escribo las historias por orden cronológico. Hasta que no resuelvo una situación no paso a la siguiente y esto hace que en ocasiones me atasque en la escritura. Hay pasajes que se me han atragantado de forma considerable. No encontraba la forma correcta de plantearlos para que resultaran claros y fáciles de entender, y he tardado mucho, pero mucho, en escribirlos, retrasando de esta forma el resto del relato.

Aunque, es cierto que durante la escritura de “Aurrimar. La leyenda del Dios Errante” ciertos capítulos los escribí de forma independiente. Los tenía tan claros en la cabeza…

 

*La inspiración puede surgir en cualquier parte y donde menos te los esperas. Siempre llevo papel y lápiz en el bolso o en los bolsillos de las chaquetas para anotar todo lo que me llame la atención y pueda servirme en el futuro para describir personajes, localizar una ciudad, ambientar una sociedad, etc. Soy un poco caótica en este aspecto (y en muchos otros también jajaja…). Tengo la mesa de escritorio y los cajones llenos de papelitos y libretas de este tipo que algún día ordenaré, supongo.

De momento no he utilizado el móvil para estas cosas, pero ya comienzo a planteármelo.

 

*Duermo con papel y boli en la mesilla de noche porque en cualquier momento puedo despertarme con alguna idea maravillosa de la que seguramente me olvidaría al amanecer si no la apunto. ¿No os pasa? Mi cerebro funciona a mil por hora con las luces apagadas, justo antes de dormir. En ocasiones ese momento de lucidez es tan potente, que incluso he llegado a escribir a oscuras para evitar que la luz me robara la inspiración. ¡Qué cosas!

 

*Soy una escritora lenta. Necesito sentarme con calma a escribir, sin prisa, sin tener que andar mirando el reloj. Leo y releo lo anterior para saber por dónde ando y esto ralentiza mucho el proceso.

 

Bueno, creo que de momento es todo. Si se me ocurre alguna más, ya haré una segunda parte. Ha resultado divertido poner estas manías por escrito.

martes, 15 de junio de 2021

Buscando inspiración 6. Bill Viola y el Dracón

Bill Viola es un artista estadounidense que destaca por su carácter pionero en el desarrollo del videoarte. Sus obras engloban videoinstalaciones, ambientes auditivos o performances, y su temática gira preferentemente en torno a la condición humana (nacimiento, muerte, transformación, renacimiento, transfiguración, espiritualidad…)

Y os preguntareis… ¿Qué tiene que ver este hombre con mi novela “El Dracón y el lobo de fuego"? Os cuento:

Creo que ya he comentado en alguna ocasión que estuve trabajando durante casi siete años en el Museo Guggenheim-Bilbao. Era auxiliar de sala y pasaba muchas, muchas horas al día en compañía de las obras de arte que allí se exponían. Resultaba casi inevitable que el museo se convirtiera una de mis principales fuentes de inspiración mientras escribía “Aurrimar. La leyenda del Dios Errante” y “El Dracón y el lobo de fuego”. Siempre llevaba los bolsillos de la chaqueta del uniforme llenos de cuartillas A5 dobladas por la mitad para apuntar cualquier cosa que me viniera a la cabeza. Ideaba historias, escribía sin parar, y así, los muchos ratos muertos que se producían cuando no había público, transcurrían de forma mucho más entretenida y productiva.

Bill Viola: Retrospectiva (2017), fue la última gran exposición en la que estuve presente y una de las que más disfruté como trabajadora del museo. Seguramente la mayoría de mis compañer@s no opinarían lo mismo: diez horas al día en salas oscuras, de pie, viendo siempre los mismos vídeos, vigilando que los visitantes no estropearan las instalaciones con alguna imprudencia… Desde luego no parece el mejor de los planes. Pero para mí fue una de las experiencias más relajantes tras muchos años trabajando allí; y Bill Viola se convirtió en uno de mis artistas favoritos. Antes, ni siquiera había oído hablar de él.


La mayoría de los vídeos de esta retrospectiva eran lentos, muy lentos, pausados, durante minutos apenas pasaba nada en ellos. Realizados para disfrutarlos sin prisas, en modo contemplativo, esperando la sorpresa que escondían o simplemente reflexionando sobre lo que allí se mostraba o sugería.  Pequeñas y medianas pantallas o grandes instalaciones, la variedad era  rica en experiencias. En algunas de ellas se proyectaban personas caminando por un paisaje árido, simplemente eso, caminaban hasta que se encontraban en un punto y daban la vuelta o se volvían a separar. En otra sala por ejemplo, en total oscuridad, proyectadas sobre dos losas de granito negro, una pareja de ancianos, completamente desnudos, estudiaban su cuerpo con una pequeña luz, muy lentamente, como si el tiempo ya no importara, concienzudamente, buscando la muerte…


Obras todas ellas que me resultaban hipnóticas, aunque supongo que para mucha gente eran simplemente aburridas porque en apariencia nada sucedía en ellas. Me daba rabia cuando los visitantes se pasaban por las salas sin pararse a mirar, saliendo de ellas aburridos, perdiéndose lo más interesante que estaba por llegar. Está visto que la paciencia no es nuestro fuerte.

Pero a lo que iba en esta publicación… En esa época yo estaba escribiendo “El Dracón y el lobo de fuego”, y reconozco que andaba un poco perdida: no acababa de visualizar uno de los escenarios más importantes de la trama. Y fue Bill Viola el que me mostró el camino.

El fuego y el agua eran elementos recurrentes en muchas de las proyecciones. Elementos contrapuestos, pero al mismo tiempo complementarios y que podían coexistir en perfecta armonía dentro de la misma obra. Justo lo que yo necesitaba en el Templo de los Misterios: un lugar de paz, espiritualidad y comprensión de los opuestos. Un enclave poderoso en el que fuego y agua guiarían a mis personajes hacia el clímax de la historia.



En concreto, fueron tres obras las que me abrieron la mente y pusieron fin a mi bloqueo: Night Vigil, Fire Woman y Tristan’s Ascension. Son descritas de la siguiente manera en la web del museo.

NIGHT VIGIL

Las imágenes de Vigilia nocturna (Night Vigil) provienen de una producción de la ópera de Richard Wagner Tristán e Isolda, una colaboración entre el director Peter Sellars, el director de orquesta Esa-Pekka Salonen, Bill Viola y la productora ejecutiva Kira Perov (vídeo, 2004–05). La leyenda original de Tristán e Isolda es la historia de un amor tan intenso y profundo que resulta imposible contenerlo en los cuerpos físicos de los amantes. Para satisfacer sus deseos, en último término los protagonistas deben trascender la vida y llegar a un lugar que está más allá de las polaridades de luz y sombra, masculino y femenino, vida y muerte, tiempo y eternidad.


La instalación Vigilia nocturna consiste en un díptico de vídeo retroproyectado sobre pantallas contiguas. El vídeo muestra una secuencia en la que un hombre y una mujer, separados por la oscuridad en plena noche, se ven atraídos el uno hacia el otro, y hacia la fuente de luz que ilumina su deseo. Cada uno emprende un viaje individual para alcanzar su objetivo: el de él es un viaje externo de acción, un largo trayecto en medio de la oscuridad de la noche que conduce a la luz de un fuego abrasador; el de ella es un viaje interior de contemplación, el encendido metódico de unas velas hasta que la estancia se ilumina por completo. Aunque ambos emprenden un viaje solitario y por separado, tienen el mismo destino: la fusión del yo individual en un mundo que trasciende la muerte.


Y en la sala contigua, sobre una pantalla gigante de 5,8 x 3,25 se proyectaban dos videos de forma consecutiva:

FIRE WOMAN

Mujer fuego (Fire Woman) es una visión en la memoria de un hombre que agoniza. La silueta de una mujer aparece a contraluz ante un muro de fuego. Tras algunos minutos, la mujer avanza, abre los brazos y se hunde en su propio reflejo. Cuando las llamas de la pasión y la fiebre envuelven la mirada interior y la revelación de que el deseo físico ya no regresará ciega al observador, la superficie reflejante se hace añicos y vuelve a su estado esencial de formas ondulantes de luz pura. Mujer fuego es una instalación que consiste en una proyección de imágenes en una gran pantalla vertical. Cuatro canales de sonido envolvente llenan el espacio.



TRISTAN’S ASCENSION (THE SOUND OF A MOUNTAIN UNDER A WATERFALL)

La ascensión de Tristán (Tristan’s Ascension) describe la ascensión del alma después de la muerte, cuando despierta y es atraído hacia una cascada cuya agua sube en lugar de caer. El cuerpo de un hombre yace sobre una losa en una sala de hormigón vacía. Unas pequeñas gotas de agua aparecen a medida que suben desde el suelo y ascienden en el espacio. Lo que comienza como una llovizna se transforma en un diluvio atronador, y el agua que cae empuja el cuerpo inerte del hombre, que pronto cobra vida. Sus brazos se mueven desgarbados y su torso se arquea en las aguas revueltas.

Por último, todo el cuerpo se alza desde la losa, se eleva por la fuerza del agua y desaparece por la parte superior de la cascada. El torrente se sosiega gradualmente y las gotas se van espaciando hasta que solo queda la losa vacía, brillante sobre el suelo húmedo. La secuencia se proyecta sobre una gran pantalla vertical montada en la pared. Un sistema de sonido envolvente 4.1 especialmente configurado despliega el sonido en la dimensión vertical del espacio.

 

¿Se ha notado que me gustó esta exposición? Ja, ja, ja... Os dejo el enlace del museo para que podáis leer las descripciones de todas las obras que se expusieron:

Bill Viola | Obras | Museo Guggenheim Bilbao (guggenheim-bilbao.eus)

Algunas de ellas podéis verlas en YouTube para haceros una idea. Aunque la calidad es bastante mala y la experiencia nada tiene que ver con disfrutarlas en vivo y en directo.

lunes, 7 de junio de 2021

Aurrimar. La leyenda del Dios Errante / Barcos /Estrella Roja

El Estrella Roja es un viejo carguero salido de algún olvidado astillero de Guerhotia, que doscientos años atrás, durante su época de máxima prosperidad, había sido el asentamiento más dinámico y populoso de la Laguna Escondida. Un pequeño puerto situado en la desembocadura del Belonte, al que mercaderes de todo el Continente y de los Pueblos Libres acudían para aprovisionarse de las raras hierbas que crecían en las orillas del lúgubre río, así como de drogas y psicotrópicos que se producían en abundancia en los laboratorios de las poderosas familias que dominaban tan lucrativo mercado. Sustancias todas ellas muy apreciadas por los más afamados galenos de la Confederación de Puertos.

Sus habitantes prosperaron y se volvieron cada vez más osados. Haciendo caso omiso de las siniestras historias que circulaban sobre el interminable bosque que crecía a sus espaldas, en las orillas del Belonte, se internaron cada vez más en las entrañas del mismo, río arriba, en busca de nuevos y exóticos productos que ofrecer a sus insaciables clientes. Fue entonces cuando las leyendas les alcanzaron y comenzó su lenta decadencia. Las expediciones se perdían en las profundidades de la floresta sin dejar rastro; las patrullas enviadas en su busca regresaban mermadas y muchos de sus miembros, enloquecidos por el terror, ofrecían espeluznantes testimonios sobre seres monstruosos devoradores de hombres, criaturas pensantes que se ocultaban en los pantanos... Otros muchos, simplemente no regresaban jamás.

Poco a poco, los miembros más influyentes y adinerados de aquella decadente comunidad la fueron abandonando. Los estremecedores hechos relatados por los supervivientes cada vez se producían más cerca de sus residencias y temían por su seguridad. La mayoría emigraron a Satria, que situada más al sur, en territorio samio, vio incrementada de esta manera su población y su actividad comercial, robándole el protagonismo en el tráfico marítimo en la Laguna Escondida.

Las ruinas de las antiguas mansiones pueblan ahora los canales de Guerhotia. Apenas diez familias sobreviven allí gracias al tráfico de drogas ilegales, la caza y la pesca. Las fabulosas y reputadas sustancias que antiguamente inundaban los mercados de los Puertos, fueron prohibidas por la Orden de la Verdad cuando su dominio se impuso sobre los antiguos dioses. Piratas, traficantes y mercenarios son ahora sus clientes. Un comercio clandestino y peligroso en manos de hombres con pocos escrúpulos.

Hasta allí llegó Ferdiag Ysenti por primera vez siendo un joven furioso y resentido con la vida. Formaba parte en aquel entonces de la tripulación de “La Testa”, un robusto navío dedicado al comercio de maderas exóticas que recalaba con frecuencia en las proximidades de Guerhotia. Seducido por las drogas alucinógenas que allí descubrió, se dejó arrastrar por ellas hasta caer en un profundo coma que duró varios días. Inexperto como era en semejantes sustancias, y acuciado por un irrefrenable deseo de olvidar y evadirse de los recuerdos que le atormentaban, cometió el error de mezclar en su pipa de marfil todo aquello que se le ofrecía sin pararse a medir las consecuencias

Su capitán le abandonó al no presentarse el día en el que zarpaban y al despertar, se encontró solo, apenas sin dinero y sin barco con el que escapar de la malsana ciudad de los pantanos.

Pasaron muchas semanas antes de que la diosa Fortuna acudiera en su ayuda. Durante el invierno eran pocos los barcos que hasta allí se acercaban, y los que lo hacían, se limitaban a una navegación de cabotaje dentro de la Laguna Escondida que poco le interesaba.

Fue una noche de tormenta y fuerte oleaje cuando, refugiado en el único establecimiento de Guerhotia que podía ostentar el título de taberna, su suerte cambió. Una magnífica mano de cartas le otorgó un selecto cofre de hierbas para fumar y la titularidad de un viejo cascarón medio hundido junto a uno de los antiguos almacenes de la ciudad.

Herrumbroso, con la madera medio podrida y sus mástiles fracturados y engalanados por una espesa vegetación que albergaba todo tipo de pequeña fauna autóctona, el barco no presentaba el mejor de los aspectos. Lejos de desanimarse, su alma soñadora comenzó a volar lejos. Tenía todo el invierno por delante para hacer que aquella nave flotara nuevamente. En primavera el paso de El Nido sería franqueable y podría salir de aquella ratonera.


No le fue difícil conseguir la tripulación que necesitaba. Hasta Guerhotia llegaban todo tipo de rufianes, maleantes, desahuciados, gentes de mal vivir, con pasado pero sin futuro, y que al igual que él, buscaban fuera de la ley lo que la vida les había negado.

La estrella roja de siete puntas fue la carta que le otorgó la libertad. Un buen nombre para su barco, una reconocible insignia para su bandera.