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lunes, 7 de junio de 2021

Aurrimar. La leyenda del Dios Errante / Barcos /Estrella Roja

El Estrella Roja es un viejo carguero salido de algún olvidado astillero de Guerhotia, que doscientos años atrás, durante su época de máxima prosperidad, había sido el asentamiento más dinámico y populoso de la Laguna Escondida. Un pequeño puerto situado en la desembocadura del Belonte, al que mercaderes de todo el Continente y de los Pueblos Libres acudían para aprovisionarse de las raras hierbas que crecían en las orillas del lúgubre río, así como de drogas y psicotrópicos que se producían en abundancia en los laboratorios de las poderosas familias que dominaban tan lucrativo mercado. Sustancias todas ellas muy apreciadas por los más afamados galenos de la Confederación de Puertos.

Sus habitantes prosperaron y se volvieron cada vez más osados. Haciendo caso omiso de las siniestras historias que circulaban sobre el interminable bosque que crecía a sus espaldas, en las orillas del Belonte, se internaron cada vez más en las entrañas del mismo, río arriba, en busca de nuevos y exóticos productos que ofrecer a sus insaciables clientes. Fue entonces cuando las leyendas les alcanzaron y comenzó su lenta decadencia. Las expediciones se perdían en las profundidades de la floresta sin dejar rastro; las patrullas enviadas en su busca regresaban mermadas y muchos de sus miembros, enloquecidos por el terror, ofrecían espeluznantes testimonios sobre seres monstruosos devoradores de hombres, criaturas pensantes que se ocultaban en los pantanos... Otros muchos, simplemente no regresaban jamás.

Poco a poco, los miembros más influyentes y adinerados de aquella decadente comunidad la fueron abandonando. Los estremecedores hechos relatados por los supervivientes cada vez se producían más cerca de sus residencias y temían por su seguridad. La mayoría emigraron a Satria, que situada más al sur, en territorio samio, vio incrementada de esta manera su población y su actividad comercial, robándole el protagonismo en el tráfico marítimo en la Laguna Escondida.

Las ruinas de las antiguas mansiones pueblan ahora los canales de Guerhotia. Apenas diez familias sobreviven allí gracias al tráfico de drogas ilegales, la caza y la pesca. Las fabulosas y reputadas sustancias que antiguamente inundaban los mercados de los Puertos, fueron prohibidas por la Orden de la Verdad cuando su dominio se impuso sobre los antiguos dioses. Piratas, traficantes y mercenarios son ahora sus clientes. Un comercio clandestino y peligroso en manos de hombres con pocos escrúpulos.

Hasta allí llegó Ferdiag Ysenti por primera vez siendo un joven furioso y resentido con la vida. Formaba parte en aquel entonces de la tripulación de “La Testa”, un robusto navío dedicado al comercio de maderas exóticas que recalaba con frecuencia en las proximidades de Guerhotia. Seducido por las drogas alucinógenas que allí descubrió, se dejó arrastrar por ellas hasta caer en un profundo coma que duró varios días. Inexperto como era en semejantes sustancias, y acuciado por un irrefrenable deseo de olvidar y evadirse de los recuerdos que le atormentaban, cometió el error de mezclar en su pipa de marfil todo aquello que se le ofrecía sin pararse a medir las consecuencias

Su capitán le abandonó al no presentarse el día en el que zarpaban y al despertar, se encontró solo, apenas sin dinero y sin barco con el que escapar de la malsana ciudad de los pantanos.

Pasaron muchas semanas antes de que la diosa Fortuna acudiera en su ayuda. Durante el invierno eran pocos los barcos que hasta allí se acercaban, y los que lo hacían, se limitaban a una navegación de cabotaje dentro de la Laguna Escondida que poco le interesaba.

Fue una noche de tormenta y fuerte oleaje cuando, refugiado en el único establecimiento de Guerhotia que podía ostentar el título de taberna, su suerte cambió. Una magnífica mano de cartas le otorgó un selecto cofre de hierbas para fumar y la titularidad de un viejo cascarón medio hundido junto a uno de los antiguos almacenes de la ciudad.

Herrumbroso, con la madera medio podrida y sus mástiles fracturados y engalanados por una espesa vegetación que albergaba todo tipo de pequeña fauna autóctona, el barco no presentaba el mejor de los aspectos. Lejos de desanimarse, su alma soñadora comenzó a volar lejos. Tenía todo el invierno por delante para hacer que aquella nave flotara nuevamente. En primavera el paso de El Nido sería franqueable y podría salir de aquella ratonera.


No le fue difícil conseguir la tripulación que necesitaba. Hasta Guerhotia llegaban todo tipo de rufianes, maleantes, desahuciados, gentes de mal vivir, con pasado pero sin futuro, y que al igual que él, buscaban fuera de la ley lo que la vida les había negado.

La estrella roja de siete puntas fue la carta que le otorgó la libertad. Un buen nombre para su barco, una reconocible insignia para su bandera.  





domingo, 25 de abril de 2021

Aurrimar. La leyenda del Dios Errante / Barcos /Rumor Clandestino

Se trata de un imponente navío dotado de tres esbeltos mástiles, casco reforzado y abundante arboladura, con la que logra alcanzar grandes velocidades si el viento es favorable. Buque de carga y exploración, posee grandes y espaciosas bodegas en las que transportar mercancías de todo tipo: materias primas, ánforas y grano, minerales, material de construcción…; incluso corpulentos animales como los bogos, muy utilizados en el transporte terrestre por su fuerza y resistencia.

Pese a su gran tonelaje, no necesita de una numerosa tripulación para gobernarlo. Su versatilidad y maniobrabilidad le permite ceñirse al viento hasta en las peores condiciones atmosféricas; e incluso recalar en costas que para otros capitanes, menos osados y ambiciosos, resultarían impensables.

Lancer Caradam es su capitán. Compró el barco a buen precio, en el puerto de Jornibia, a un armador retirado que pretendía desguazarlo para venderlo por piezas. Cansado de la ausencia de beneficios en el constante deambular del Pribylon, siempre embarcado en la búsqueda de olvidados mitos y leyendas (y en el que llegó a ser capitán durante nueve años), decidió alejarse de la influencia de Adilaia de Galatia y su gente (que le había inculcado su amor por el mar y los lugares inexplorados), para probar fortuna como comerciante independiente. Acompañado de sus inseparables amigos de la infancia, Polux y Kaleen, y de la pequeña tripulación que lograron contratar con los ahorros que les quedaban, se lanzaron al mar dispuestos a comerse el mundo.

Los inicios no fueron fáciles. Apenas contaba entonces treinta años, carecía de la experiencia necesaria, y la poderosa Cofradía de Puertos no veía con buenos ojos que capitanes ajenos a su organización mercadearan en lo que ellos consideraban sus dominios. Pero Lancer era ambicioso, le gustaban los desafíos. No se conformaría con transportar mercancías de un puerto a otro por el resto de su vida. Además de fortuna, buscaba notoriedad. Y para lograrlo, había que ir más lejos, allá donde ningún otro capitán de la Confederación de Puertos se aventuraba por miedo a perder su barco… o su vida.

No fueron pocas las estaciones comerciales que logró asentar en territorios hasta entonces inexplorados o poco explotados por ser considerados peligrosos o de escaso interés comercial. Sus audaces y desafiantes expediciones pronto le reportaron las ganancias y el prestigio que siempre había buscado. Los nombres del Rumor Clandestino y su osado capitán se convirtieron en leyendas que marinos y mercaderes cantaban en las tabernas de los puertos.

Su trabajada riqueza no tardó en despertar envidias entre sus competidores, pero también el interés de la clasista Cofradía, siempre ávida de beneficios, y que comenzaba a ver en aquel joven capitán, la sangre que necesitaba para renovar sus filas. Y así, Lancer Caradam, primogénito de una humilde familia de siervos en las tierras de los Señores de Lar, pasó en unos años, de ser considerado poco menos que un pirata, a convertirse en uno de los miembros más influyentes dentro de la prestigiosa institución que gobernaba el Continente.

El Rumor Clandestino y todo lo que significaba de desafío y libertad, quedó atrás, en dique seco, en el puerto de Sigyar-Kapur, a la espera de que alguien volviera a despertar en su capitán las ansias de aventuras, ahora acalladas por un prometedor matrimonio con Cimbria de Navasfrías y Trasmonte, única hija de la más poderosa familia de los Siete Puertos. Una alianza que le permitiría ascender hasta lo más alto de la escala social. Un sueño hecho realidad.


domingo, 24 de enero de 2021

Aurrimar. La leyenda del Dios Errante / Barcos /Pribylon

Se trata de un navío de dos palos de inusual altura y esbelta arboladura; pequeño y marinero; maniobrable, versátil y veloz como ninguno. Se desconoce el astillero en el que fue construido originalmente semejante maravilla.

Laurentio Espinar y su futura esposa, Darisa Maregrande (por aquel entonces aún estudiantes de Cartografía  en la Escuela de Artes Mayores) se lo encontraron en muy malas condiciones, varado en una playa, en las costas cercanas a la Ciudad Libre de Vliegord donde ambos vivían. Seguramente había sido arrojado allí por alguna de las violentas tempestades que con frecuencia azotan la zona; aunque por los daños que mostraba el casco, bien podría haberse tratado de un naufragio producido por el ataque de algún monstruo marino de los muchos que pueblan los Mares Turbulentos.

A pesar de los destrozos ocasionados por las mareas y la inclemencia de los elementos, su oscura madera continuaba siendo hermosa, decorada con extrañas e intrincadas inscripciones y símbolos de difícil interpretación, que milagrosamente aún conservaban su color y perfecta definición. Ambos se enamoraron inmediatamente de tan exótica nave y decidieron convertirla en el símbolo de su futura unión matrimonial. Con ella, la pareja pretendía ejercer su profesión con absoluta libertad de movimientos, sin depender de ningún otro patrón.

Preguntaron entre los lugareños. El siniestro había tenido lugar hacía más de dos años. No había habido supervivientes y nunca nadie se había acercado por allí a reclamar la carga o el navío. Según las leyes del puerto de Vliegord, si algo así sucedía, el primero en encontrar los restos podía quedarse con ellos. Los habitantes de un asentamiento pesquero cercano se habían encargado hacía tiempo de saquear todo lo que habían podio encontrar de utilidad. Pero curiosamente, la estructura seguía intacta. Los supersticiosos pescadores consideraban que aquellos restos se encontraban malditos: una extraña luminiscencia envolvía el navío al caer la noche; verdosos destellos que asemejaban fuegos fatuos se aferraban a su oscuro esqueleto. Según ellos, se trataba de las almas de los desgraciados marinos fallecidos de forma tan trágica.

Picados por la curiosidad y espoleados por el ansia de aventuras propias de la juventud, la pareja acudió a la orilla una noche de Luna Negra. Desde la distancia, sobre una alta duna de arena fina, en medio de la más completa oscuridad, escucharon como la marea baja mecía con suavidad los restos del naufragio. Y cuando el siniestro reflejo del astro que dominaría el cielo esa noche incidió sobre la madera, surgieron fluctuantes focos de luz distribuidos por el casco y los mástiles, dándole al conjunto un aspecto monstruoso y sobrenatural. Lejos de sentirse asustados como los pescadores, se entusiasmaron por tan sorprendente descubrimiento. Años después, Laurentio Espinar descubriría el origen y significado de la pintura de spilka. Una mezcla de pigmentos minerales procedente de las tierras de Yraquia, que los constructores del Pribylon utilizaron para dotar a su nave del camuflaje perfecto para ahuyentar a las peligrosas serpientes marinas… y a los curiosos indeseados.

Laurentio y Darisa se acercaron hasta el Archivo Marítimo de su ciudad con intención de averiguar el origen del misterioso navío. El Pribylon no aparecía en los registros, ni en los de la Cofradía de Puertos ni en los de las Ciudades Libres. Eso les llevó a sospechar que se trataba de una nave pirata o tal vez un barco perteneciente a algún agente libre de los muchos que comerciaban con la Confederación. Conservaron el nombre y lo registraron como suyo. Lo reconstruyeron en el astillero de la familia de Darisa y navegaron por los mares de Aurrimar hasta que la desgracia se cernió sobre ellos.

La trágica muerte de su esposa y su pequeño hijo, Belio, mantuvo a un destrozado Laurentio Espinar recluido durante años en las Montañas de la Luz (donde llegó a convertirse en Maestro de los Elementos), mientras el Pribylon languidecía en Vliegord.

El infortunio no tardó mucho en volver a golpear al valiente y perseverante Laurentio. El Templo de la Luna en el que había llegado a alcanzar la paz de espíritu que tanto ansiaba, fue arrasado por la Guardia Roja de la Orden de la Verdad. Solo él y un grupo de sus alumnos más jóvenes lograron huir de la masacre. Exiliados, perseguidos, viviendo en la clandestinidad… el viejo Maestro se convirtió en un auténtico padre para los pequeños. Recuperó el Pribylon y lo transformó en su hogar, en su medio de vida; en el instrumento perfecto para continuar la búsqueda de respuestas al misterio que encierran los símbolos ardientes que le arrebataron la vida a su familia… y aún mortifican a muchos de sus pupilos y amigos.


La tripulación del Pribylon (cuyo número puede variar según el tipo de campaña que emprendan), está compuesta por hombres y mujeres (contra la tendencia general en el Continente que solo admite tripulantes masculinos en sus naves) de muy diversa procedencia, que por un motivo u otro, han terminado asentándose en la pequeña aldea denominada El Tomillar. Gentes de Smaldia, del Continente, de la lejana Aquetia, de las montañas, incluso de las Islas Olvidadas, como su capitán, Nemaio Mogar, gracias al cual se incorporó una gran cometa en la proa con la que el Pribylon captura las altas corrientes de aire para incrementar así su velocidad de forma portentosa. Hombres y mujeres inteligentes y trabajadoras que conforman una gran familia en la que cada uno de ellos aporta sus particulares habilidades y conocimientos para la consecución de un bienestar común.


miércoles, 18 de noviembre de 2020

Buscando Inspiración 3. Estrella Roja


El Estrella Roja es el último de los barcos de “
Aurrimar. La leyenda del Dios Errante” del que voy a hablaros, ya que al igual que el Pribylon y el Rumor Clandestino, su bautismo tiene una historia detrás.

Tengo que reconocer que, para bien o para mal (seguramente esto último), no soy de las que pierdo demasiado tiempo buscando nombres con los que denominar personajes, historias, objetos o animales. Generalmente surgen espontáneamente en mi cabeza por una simple asociación de ideas, o como en este caso, son el producto de nostálgicos y entrañables recuerdos de infancia o juventud.

Me gusta ver deporte en la televisión, cualquier tipo de deporte. Uno de mis mejores recuerdos es estar sentada en el sofá con mi padre disfrutando de un buen espectáculo de fútbol, pelota, rugby, patinaje, ciclismo, balonmano, lo que fuera. Pero el baloncesto se llevaba la palma. Nos hacía gritar, saltar de emoción cuando apenas quedaban unos segundos para terminar el partido y el marcador se encontraba tan igualado que cualquiera de los dos equipos podía ganar en una última y afortunada canasta. Las ligas europeas eran las competiciones que más nos gustaban; siempre repletas de equipos con nombres impronunciables muchos de ellos (y no digamos sus jugadores), que nos hacían viajar a países que seguramente nunca visitaríamos. Uno de esos nombres que se quedó grabado en mi mente fue el Estrella Roja de Belgrado. No me digáis por qué. Porque era fácil de pronunciar, por su simbolismo… ¡Quién sabe! 

El caso es que a la hora de bautizar el barco capitaneado por Ferdiag Ysenti, ese nombre surgió como una posibilidad más que aceptable. Podía imaginarme perfectamente a esa destartalada nave surcando los mares de Aurrimar luciendo una bandera con una enorme estrella roja de siete puntas en su centro. ¿Y vosotros? ¿Podéis verlo también?



Ferdiag, capitán del Estrella Roja, fumaba en su pequeña pipa de amarillento marfil al tiempo que dejaba que su mente se adormeciera muy lentamente. El aromático humo que desprendía el tabaco procedente del delta del Belonte, le relajaba y le hacía soñar con alegres y lujuriosas mujeres de tez morena y formas redondeadas. Hacía unas horas que lo había comprado en el Mercado Libre, y sin lugar a dudas, era de lo mejor que había probado en mucho tiempo. Su efecto alucinógeno era poderoso y se dejaba sentir desde la primera calada. Sonrió satisfecho y con aire ensimismado. "¡Desde luego esto vale el oro que he pagado por él!", se dijo palpando el saquete de hierba que colgaba de su cintura, al tiempo que dejaba escapar espesas volutas de humo que ascendían perezosamente, hasta chocar con la lona del improvisado refugio que se había preparado en la cubierta para protegerse de la lluvia.

 

Yolanda Martín López, “Aurrimar. La leyenda del Dios Errante. vol1” 

lunes, 5 de octubre de 2020

Buscando Inspiración 2. Rumor Clandestino

Tras relataros en la entrada anterior el origen del Pribylon (el barco de los protagonistas de “Aurrimar. La leyenda del Dios Errante”), voy a continuar con ellos, con los barcos, que en gran medida reflejan la personalidad de sus tripulantes.

El Rumor Clandestino es el navío de otro de los personajes más importantes de la novela: Lancer Caradam (también fue durante un tiempo capitán del Pribylon, pero deberéis leer el libro para descubrir los motivos de su marcha). ¿De dónde proviene el nombre? ¿Me lo inventé de la nada? Debo responder que... ¡no! Hay una historia detrás de él que os cuento a continuación.

Escribir la compleja trama de Aurrimar y, al mismo tiempo, ir inventado nombres y nombres con los que dar vida a los numerosos personajes que salpican la historia, comenzaba a superarme tras haber escrito ya Tulos y Amacram (los dos primeros libros de los tres que consta el primer volumen). Debía continuar con la escritura y aún no tenía bien definido el trasfondo histórico de Lancer. La cabeza ya no me daba para más, así que decidí pedirle sopitas a un amigo (después de todo él había sido el culpable de que yo me pusiera a escribir ambientaciones para un juego de rol que al final se me fue de las manos). Quedamos un día para tomar un café y le dije: “Necesito urgentemente un barco y una tripulación para Lancer Caradam. ¿Puedes ocuparte de ello?” ¡Dicho y hecho! Tras unos días de espera me pasó dos listas:

En la primera figuraban una serie de nombres que podrían servir para bautizar el barco; todos ellos extraídos de canciones de Héroes del Silencio, que es uno de nuestros grupos favoritos. Me gustó la idea y, tras mucho pensarlo, me decanté finalmente por Rumor Clandestino, que aparece en la letra de la canción Iberia Sumergida, del álbum Avalancha (1995). A partir de ahí ya pude iniciar el tercer libro, Invierno, cuyo primer capítulo se titula precisamente Rumor Clandestino. He de reconocer que tuve que hacer algunos cambios en la trama que tenía pensada para encajar con precisión el nombre del barco.

IBERIA SUMERGIDA

Amanecí con los puños bien cerrados
Y la rabia insolente de mi juventud
La ingenuidad
Nos absuelve de equivocarnos
Que cada uno aporte lo que sepa
Te hicieron pan y ahí te consumimos
Y la venganza es un trasto tan inútil

Este es mi sitio
Y esta es mi espina
Iberia sumergida
En sus rumores clandestinos
Formulas preguntas

Con semilla de respuesta
Y conozco cual es tu camino
De memoria
Descreo de la razón de la mayoría
Y sus abrazos propietarios
Sin salida, no hay salida
Ahora que padeces de insomnio
Quisieras morir de siesta
Estribillo

En la otra lista aparecían los nombres y cargos de una tripulación destinada a grandes hazañas en esta larga aventura que es “Aurrimar. La leyenda del Dios Errante”. Nombres acertados y originales que a mí jamás se me habrían ocurrido, y que creo que aportan un toque de autenticidad que de otra forma no habría conseguido. Personajes rudos, de fuerte personalidad, con los que resulta fácil encariñarse: Alfide Packar (llamado Alpackar), Tarkio (su nombre proviene de una bestia del desierto), Señor Tajún, Yerro y su hijo Garrote, el médico Malakai Zonson. No tuve ningún problema para hacerles interactuar con el resto de los personajes que ya había creado. Sus historias se hilvanan y entremezclan con total naturalidad. 

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Lancer salió de su ensoñación bruscamente. Volvió la cabeza, pestañeando sin parar hasta que reconoció a Pólux, que le observaba preocupado. “Vuestras vidas cambiarán por completo…”, seguía oyendo las palabras de Adi pronunciadas hacía tanto tiempo. “¡Y vaya si han cambiado!” No sabría decir si para mejor o para peor. De lo que sí estaba seguro es que ya no se reconocía en aquel joven lariano que apenas sabía nada del mundo. Tampoco su amigo parecía el mismo. Su oronda figura en nada recordaba al esmirriado muchacho que un día dejó las minas de su mísera tierra para buscar fortuna. “Bueno, al menos en algo no ha cambiado: es el mismo vivaracho chismoso de siempre”, sonrió para sí dando gracias al cielo por el alegre carácter de su compañero. En silencio, giró la cabeza para posarla sobre el descascarillado y borroso nombre de la nave que tenía frente a él: Rumor Clandestino.

Yolanda Martín López, “Aurrimar. La leyenda del Dios Errante. vol1” 


martes, 22 de septiembre de 2020

Buscando Inspiración 1. Pribylon

Son muchas las personas que durante estos años me han preguntado de dónde saco las ideas para escribir mis historias y, sobre todo, la cantidad de nombres que utilizo. La inspiración para todo ello puede llegar de cualquier parte: una película, un libro, una frase dicha por alguien al azar, un cuadro, un paisaje, un refrán, una canción… Intentaré ir desgranando todos esos pequeños secretos en sucesivas entradas. ¡Y hay muchos en La leyenda del Dios Errante! Tengo que reconocer que concebí la historia como una especie de homenaje a todo aquello que de alguna manera ha ido marcando mi vida y modelando mi personalidad a los largo de los años.

Voy a comenzar esta serie que he titulado Buscando Inspiración por uno de esos nombres que se me quedaron grabados de pequeña sin saber muy bien por qué: Pribylon.

Desde un principio tuve muy claro que el barco de mis protagonistas iba a llamarse de esa manera. ¿Por qué? Os lo cuento:

¿Conocéis el film de 1952 El mundo en sus manos (The World in His Arms)? Dirigida por Raoul Walsh y protagonizada por Gregory Peck, Ann Blyth y Anthony Quinn, cuenta las andanzas del capitán Jonathan Clark apodado "el hombre de Boston", dueño de una goleta llamada La peregrina. Un audaz e intrépido cazador de focas que pretende comprarle Alaska a los rusos, y que para ello hace un trato con los banqueros de San Francisco. Sin embargo, esos planes se verán alterados por la aparición en su vida de la condesa rusa Marina Selanova de la que se enamora creyéndola una simple dama de compañía.

Acción, aventura, romance, comedia… ¿Cómo no podía convertirse en una de mis películas favoritas? De niña me encantaba y aún hoy sigo disfrutándola tanto o más que entonces. La veo una y otra vez y nunca me canso.

¿Y qué tiene todo esto que ver con el barco en el que navegan Adilaia de Galatia y sus amigos? ¡Pues muy fácil! ¿Dónde creéis que “el hombre de Boston” cazaba sus focas? “Rumbo a las Pribilon”, repetían una y otra vez los marinos de esa emocionante aventura. O eso era lo que mi mente infantil entendía… Muchos años después, ya desarrollada mi curiosidad por conocer mundo, y tras volver a visionar la película, me dediqué a buscar en el mapa las dichosas islas. ¡Cuál no fue mi sorpresa al descubrir que durante toda mi vida había estado equivocada! No eran las islas Islas Pribilon sino Pribilof, dónde se dirigían La Peregrina y sus competidores. Un conjunto de islas volcánicas situadas entre Alaska y la costa siberiana.

Una simple letra marcaba la diferencia. Pero poco me importaba tan nimio detalle. Para mí siempre terminaría con “n” y me prometí a mí misma que si algún día tenía un barco (algo bastante improbable porque me mareo un montón y tampoco tengo dinero para ello) lo bautizaría con ese nombre.

¡Dicho y hecho! El único barco que poseería jamás estaría en mi imaginación. No necesitaba buscar más. Tenía el nombre perfecto para la nave que capitaneada por Nemaio surcaría con elegancia y bravura todos y cada uno de los mares de un mundo llamado Aurrimar.

Y así fue como las Pribilof del mundo real se grabaron como Pribilon en mi mente infantil y finalmente se convirtieron en Pribylon en La leyenda del Dios Errante.


"Cogió el pesado libro de registro de manos del diligente empleado y se encaminó al rincón más apartado de la sala de consultas, lejos de miradas indiscretas. Sentado junto a una amplia ventana, comenzó a pasar con avidez las hojas hasta llegar a las anotaciones correspondientes a las últimas llegadas. Efectivamente, allí estaba: Pribylon, navío de dos palos. Origen: Islas Olvidadas. Capitán: Nemaio Mogar. "¡Sí, tiene que ser él!", se dijo a sí mismo recordando el aspecto peculiar del desconocido. El barco había atracado hacía dos días en el extremo más alejado del Puerto Viejo."

Yolanda Martín López "Aurrimar. La leyenda del Dios Errante. vol1."