No hay duda
de que los viajes son una continua fuente de inspiración. O por lo menos en mi
caso así sucede.
Durante la creación de la trilogía "Aurrimar.
La leyenda del Dios Errante", fueron tantas las ocasiones en las que
utilicé experiencias y recuerdos propios para recrear paisajes, crear
personajes o simplemente describir las situaciones más diversas, que ya he
perdido la cuenta. Bueno, casi. Por ese motivo voy dejando constancia de ellas
en esta sección.
¿Sabéis qué es un "esconjuradero"?
¿Alguna vez habíais escuchado esta palabra? Yo conocí su existencia durante un
viaje por el Pirineo oscense. Tras las explicaciones de nuestro guía, supe que
debía incorporar tan fascinante elemento al mundo que estaba construyendo.
Los esconjuraderos (del aragonésesconchurar:
conjurar) son un elemento arquitectónico característico de la cultura y
tradiciones pirenaicas, con fuerte presencia en el Pirineo aragonés. En Castilla y
León se los conoce como conjuraderos. Son pequeñas
construcciones o templetes que desde el siglo xvi al xviii se
levantaron específicamente para albergar rituales destinados a esconjurar o
conjurar tormentas o tronadas, las plagas y otros peligros que
amenazaban a las cosechas.
Son de
geometría simple y precisa, con arquitectura sobria y fría, escasísimos
elementos
decorativos y confeccionados con materiales comunes (mampostería,
piedra tosca para vanos y cubiertas, losa de piedra o teja árabe). Las paredes
pueden alojar vanos de diferentes tamaños, generalmente arco de medio punto. El
suelo se unifica con lajas de piedra, ladrillo o cantos rodados, mientras que
la cubierta se realiza mediante bóveda esquifada, semiesférica o falsa cúpula.
Suponen
una importante muestra y testigo de la cultura pirenaica. La sociedad montañesa
atendía los aspectos de la climatología con similares prácticas religiosas que
en otros aspectos de la vida cotidiana. Los esconjuraderos configuraban
un espacio importante desde el cual el sacerdote y la población invocaban para
desviar o deshacer las tormentas o tronadas que pudiesen
malograr los campos y cosechas. Es por ello que estas edificaciones se localizan
en puntos donde existe una amplia panorámica del horizonte.
Estos
días, completamente inmersa en Arrakis por el estreno de la segunda parte de
"Dune" y la relectura de la novela, me he dado cuenta de la
gran influencia que tuvo esta obra de Frank Herbert en mi trilogía de Aurrimar.
En muchos aspectos sucedió de forma inconsciente: estilo, narración,
paisajes... Pero hubo otros que sí aparecen de forma deliberada.
Ese es el caso de Baliseta, la abuela de los
protagonistas, Meda y Karimo. Un personaje que nació como una mera referencia
en las conversaciones de los dos hermanos, pero que, por insistencia de mis
amigas (que se iban leyendo el borrador según escribía), se hizo un hueco en la
historia hasta convertirse en uno de los personajes con más peso en la trama.
Y a la hora de ponerle un nombre, no lo dudé
demasiado. No sé cómo sucedió realmente, la verdad. Puede que estuviera
releyendo "Dune" o continuando con la saga. ¡Quién sabe! El
caso es que el instrumento musical de Gurney Halleck, el baliset, se convirtió
en el nombre perfecto para ella con solo añadirle una "a". ¡Cosas de
las musas!
¿Os gustan los spoilers? ¿No?
Pues ahí va uno bien gordo. 🤣🤣🤣
El texto que podéis leer a continuación es el final del segundo volumen de la
trilogía Aurrimar. Y está en esta sección por derecho propio. La última frase
en concreto, está inspirada en la canción "Abrázame", del grupo Doctor Deseo,
acompañados en esta ocasión por la poderosa voz de Aiora, la cantante de Zea Mays. Una canción que me encanta y que, sin
saber muy bien por qué, se coló de esta manera tan contundente en una de las tramas de "Aurrimar.
La leyenda del Dios Errante".
Ya sabéis, las musas susurran al oído en cualquier momento. Cuando menos te lo
esperas. Y la música es un vehículo inmejorable para hacernos llegar su deseada inspiración.
Los piwilis
son unos animalitos inteligentes y sumamente fieles con las personas con las
que deciden convivir. No hablan, pero son personajes igualmente importantes en
la trama de “Aurrimar. La leyenda del Dios Errante”, por lo que merecían
un nombre digno que los identificara y diferenciara del resto de sus
congéneres. ¿Son mascotas? Bueno, son algo más que eso. En otra entrada os lo
explicaré.
Con Ramita
(un personaje secundario importante) no tuve mucho problema a la hora de elegir.
Meda la encontró entre unas ramas, y, como era un bebé, se quedó con el
diminutivo.
Como los
piwilis son muy parecidos a los erizos y tienen muchas púas, el nombre
que apareció al instante para nombrar a otro de ellos fue, Pintxo.
Podría haber sido Pincho tranquilamente, en castellano, pero fue la canción infantil
en euskera, Pintxo, Pintxo, la primera que me vino a la mente.
Pintxo, pintxo gure txakurra da ta,
Pintxo, pintxo bere izena du,
Pintxo, pintxo gure txakurra da ta,
Pintxo, pintxo bere izena du.
Txuri, beltza da ta
ez du koska egiten,
begi bat ixten du
jolastu nahi badu.
Pintxo Pintxo es nuestro perro
Pintxo Pintxo es su nombre
Pintxo Pintxo es nuestro perro
Pintxo Pintxo es su nombre
es blanco y negro
no muerde
cierra un ojo
si quiere jugar.
Boliche. Esta
es una de esas palabras que se me quedó grabada en el cerebro desde pequeñita. Siempre
me hizo mucha gracia. Y cada vez que la recuerdo, veo a Pedro Picapiedra y a Pablo
Mármol subidos en su troncomovil para ir a jugar al boliche/bolos (supongo que
era cosa del doblaje de aquella época).
Chispita. Con
este personaje me costó algo más. No se me ocurría nada bonito. Y, mira por
dónde, otra vez los dibujos animados de mi infancia vinieron a socorrerme. En
este caso “Maguila Gorila”. Chispas era la niña (se llamaba así porque era su
palabra preferida y la repetía constantemente), era la única interesada en sacar
a Maguila de la tienda de animales, pero nunca tenía dinero para comprarlo.
Y colorín
colorado, este cuento se ha acabado. Muy satisfecha estoy de los nombres de mis
personajes. ¿Qué os parecen? ¿Os gustan?
Esta
publicación va dirigida, sobre todo, a los que ya han leído la trilogía o están
a punto de iniciar el viaje gracias a la nueva edición que acaba de salir y que ya está disponible en Amazon.
Ya os he contado en alguna ocasión que, “Aurrimar.
La leyenda del Dios Errante”, se encuentra plagada de influencias de todo
tipo: libros, arte, canciones, dibujos animados, películas… Confieso que me
divertía mucho ir incorporando al texto ese tipo de recuerdos y experiencias que
habían dejado su impronta en mi mente hasta formar parte de mi forma de ser y
mi personalidad. ¿Queréis conocerme un poco más? Solo tenéis que seguir el hilo…
Hoy
vamos a centrarnos en el cine. En esta misma sección ya he comentado alguna de
esas referencias, pero hay unas cuantas más. Frases, nombres, expresiones,
títulos, incluso escenas completas. Unas son muy fáciles de localizar, otras
igual no tanto. Os desafío a encontrarlas. Un buen entretenimiento para las
vacaciones de Navidad.
¡Venga!
A por ello.
Este es el listado de películas que aparecen en el primer volumen:
-Los diez mandamientos (The Ten Commandments) - Cecil B. DeMille, 1956
-El Imperio contraataca (Star Wars: Episode V - The Empire
Strikes Back) – George
Lucas, 1980
-El mundo en sus manos (The World in His Arms) - Raoul Walsh, 1952
-Blade Runner - Ridley Scott, 1982
-Una tarde en las carreras (A Day at the
Races) - Sam Wood, 1937
-Un dandy para un milagro (Pocketful of
Miracles) - Frank Capra,
1961
-Alien - Ridley Scott, 1979
-Abierto
hasta el amanecer (From Dusk
Till Dawn) - Robert Rodríguez, 1996
-Las cruzadas (The Crusades) - Cecil B. DeMille, 1935
-Willow - Ron Howard, 1988
-El señor de las bestias (The Beastmaster) - Don Coscarelli, 1982
El
desierto de Zahrs es el primer escenario con el que os vais a encontrar en Aurrimar.
La leyenda del Dios Errante. En él trascurre prácticamente la totalidad del
Libro I titulado Tulos.
Y no,
no es casualidad que esto sea así. La idea de este relato surgió tras un viaje
a Jordania que realicé en 2009 con dos de mis amigas. Conocer Petra siempre fue
uno de mis grandes objetivos; uno de esos sueños que tienes que realizar antes
de morir sí o sí. ¡Lo logré! Tres días correteando por tan glorioso enclave que
no olvidaré jamás. Sus gargantas, sus templos, sus infinitas escaleras talladas
en la roca, el desierto que la rodea, los increíbles colores de sus rocas y
arenas, sus gentes… ¿Os imagináis todo eso estando prácticamente solas? No nos
lo podíamos creer. No hay nada como madrugar un poquito jajajajaja… Pero
Jordania es mucho más. Aún nos quedaba por visitar lugares tan emblemáticos
como el Mar Muerto o Wadi Rum, un hermoso desierto que no por casualidad aparece
en multitud de películas. ¿Cómo no me iban a inspirar semejantes parajes?
Al
regresar del viaje ya tenía en mente lo que sería el inicio de un relato corto
destinado a servir de ambientación para un juego de rol que pretendía crear con
mi amigo @frikypanzer. Comenzaron así las aventuras de los dos hermanos, Meda y
Karimo, en el desierto de Zahrs. La historia fluía con inusitada facilidad,
como si tuviera vida propia y siempre hubiese estado en mi mente esperando salir.
Me parecía algo tan increíble e incomprensible… Apenas daba crédito a lo que me
estaba sucediendo. Parecía poseída por algún espíritu creador que hasta
entonces había permanecido adormilado sin dar señales de vida. Nunca imaginé
que terminaría escribiendo una novela; no era algo en lo que hubiera pensado.
Escribir no era lo mío. Pero ya veis, la historia de los dos hermanos se fue
alargando hasta que tuve unas noventa páginas. Demasiado largo para ambientar
una partida y demasiado corto para una novela. Entonces se me encendió la
bombilla: ¿Y si lo mezclo con los otros relatos que ya tengo escritos?
Dicho y hecho. Comencé a idear un mundo en el que pudieran tener cabida
emplazamientos tan variopintos. Una vez esbozado, agité la coctelera y esperé a
ver qué surgía. ¡Increíble!
Todo comenzó
como un hobby, un extraño pasatiempo que de repente absorbía todo mi tiempo y
me proporcionaba un estado de felicidad que pocas veces había alcanzado con
anterioridad. Ocho años duró la aventura. Ocho largos años desde que todo
empezara allí, en Petra, entre sus rosadas paredes y sus cálidos anocheceres.
Ocho años de intenso trabajo para ver por fin el resultado: una trilogía
titulada “Aurrimar. La leyenda del Dios Errante”.
Los
viajes me inspiran, de eso no hay duda. Este simpático fauno me lo encontré en
un sombreado rincón junto a una de las piscinas de la piscifactoría del
monasterio de San Salvador, en Oña, Burgos. Un lugar más que interesante para
visitar, tanto por su historia y arquitectura como el maravilloso entorno
natural que lo rodea.
Ni que decir tiene que me enamoré de esta pequeña
escultura en cuanto la vi. Saqué la foto y la guardé. Sabía que con el tiempo
este personajillo aparecería en alguna de mis historias. ¡Y ya veis! ¡Aquí
está! En el "Baile de las Quimeras", convertido en el fauno
Cristelín de los cuentos infantiles de Milton, pero conocido como Cristelmín en
el relato que Yerina deja como valiosa herencia a su hijo Íríam.
Pero, ¿"El Baile de las Quimeras" no era
una novela de ciencia ficción? ¡Así es! Pero también es mucho más: fantasía,
misterio, drama, costumbrismo, terror... ¿A qué esperáis para descubrir todos
sus secretos? Una buena opción de lectura para estas vacaciones que se aproximan.
Y no fue el fauno lo único que saqué del
monasterio para utilizar en Quimera. Los nombres del matrimonio Onata, Tigridia
y Aturio, también proceden de allí. Me resultaron tan curiosos que no pude
menos que apuntarlos. Para que luego digan que me invento unos nombres muy
raros. 🤣🤣
Bueno, sí algún día leéis la novela, ya me
contaréis qué os parecieron estas incorporaciones. 😎
¿Lord
Byron y "El Baile de las Quimeras”? ¡Pues sí, ya veis! También él
se deja caer por allí.
Pero no, no penséis que se trata de una aparición
tipo homenaje, como lo que hizo Dan Simmons con el poeta John Keats en "Los
cantos de Hyperión". ¡Para nada! Es algo mucho más
lúdico-recreativo y banal. Tendréis que leer la novela para saber de qué se
trata. 😊
La
podéis encontrar en Amazon, en versión Kindle y en papel. También podéis leerla
en Kindle Unlimited.
Muchas
veces me preguntan de dónde saco esos nombres tan raros (tanto de personas como
de localizaciones) que utilizo en mis novelas. En unos casos son fruto del
azar, pura invención, pero en otros muchos, son nombres reales que por algún
motivo han despertado mi interés. Esto último sucede con Toda Aliste, uno de
los personajes centrales de “El Baile de las Quimeras”.
Fría, distante,
egoísta o calculadora son algunos de los adjetivos que podrían definir a esta anciana
octogenaria, matriarca de uno de los clanes familiares más antiguos y poderosos
de Quimera. Única heredera de la inmensa fortuna de sus padres, ha dedicado gran
parte de su vida a hacer de la Aliste Corporation-QM, uno de los mayores
y más diversificados entramados empresariales de los Mundos de la Expansión.
El trabajo
es su vida, el poder su pasión, la supervivencia y la autoconservación… su meta. Nada se interpondrá
entre ella y su brillante destino. Pero un oscuro secreto de su pasado la
atormenta. Un secreto que podría destruirla y que no está dispuesta a revelar,
aunque para ello tenga que sacrificar a un miembro de su propia familia.
Como veis
se trata de una mujer de fuerte carácter, controladora, soberbia y sin escrúpulos,
que merecía un nombre que estuviera a la altura de sus altas aspiraciones. Fue casi
instantáneo. A la mente me vino uno de mis personajes históricos favoritos. Sí,
tenía que ser ella. Deseaba homenajear a una de las mujeres más fascinantes de
nuestra historia: TodaAznárez de
Pamplona (876- 958)
¿Quién
era esta mujer? Fue, ni más ni menos, Reina de Navarra por su matrimonio con Sancho Garcés I de Navarra.
No, no era madre de dragones, pero sí de reyes y reinas, de condes y condesas. Tía
carnal del mismísimo califa Abd al-Rahman III. Dedicó gran parte de sus
esfuerzos a diseñar un amplio y trascendental programa de enlaces conyugales con
los linajes de todos los gobernantes de la periferia pamplonesa, sobre todo con
el Reino de León. Sus influencias se extendían por toda la península.
Una azarosa y ajetreada existencia que concluyó
a los ochenta y dos años. Una edad más que respetable para una mujer de la Edad
Media.
Toda Aznárez y Toda Aliste, dos mujeres
poderosas, dos mujeres con un claro objetivo en sus vidas.
Os estaréis preguntando qué es un Guadapero. Pues
bien, según la RAE existen dos definiciones:
* Peral silvestre (del flamenco wald-peer)
* Mozo que lleva la comida a los segadores (de guardar y apero)
También es el nombre del pueblo de mis padres, una
pequeña pedanía de la provincia de Salamanca. Y aunque cualquiera de las dos
definiciones podría ser el origen de este curioso topónimo, a mí me gusta
pensar que el nombre se lo pusieron por la gran cantidad de perales silvestres
que antes crecían en sus tierras. Hoy en día es una especie que prácticamente
ha desaparecido. Son muy pocos los ejemplares que aún sobreviven. Una verdadera
lástima. Sus peras, pequeñas y verdes eran realmente deliciosas.
¿Y qué tiene todo esto que ver con “Aurrimar. La leyenda del Dios Errante”?
Os cuento:
Mientras escribía, llegó un momento (Libro
II-Amacram) en el que tuve que bautizar el lugar del que procedían algunos de
los personajes. Barajé la idea de utilizar el pueblo de mis padres para hacerle
un pequeño homenaje. Pero me resultaba un poco descarado, así que opté por
cambiarle el nombre por El Tomillar.
Después de todo, es el aroma a tomillos uno de los grandes placeres que una
puede disfrutar mientras pasea por sus campos y sierras.
Fui un poco cobarde en ese aspecto, lo reconozco. No
muy conforme con la decisión tomada continué con la escritura, pero siempre con
la idea rondando en la cabeza. Al llegar al Libro IV-Zristios, encontré por fin
la solución para utilizar “guadapero” de forma discreta, pero reconocible para
todos aquellos familiares y amigos que a fin de cuentas iban a ser los
principales destinatarios del libro. ¿Por qué no hacer que los protagonistas
disfruten con las delicias de los perales silvestres tal como yo lo hacía de
pequeña? Dicho y hecho. La compota de guadaperos
de El Tomillar es todo un manjar para disfrutar en las grandes ocasiones.
Como veis, todo es posible en una historia de
fantasía y aventuras como es “Aurrimar.
La leyenda del Dios Errante”.
Bill
Viola es un artista estadounidense que destaca por su carácter pionero en el
desarrollo del videoarte. Sus obras engloban videoinstalaciones, ambientes
auditivos o performances, y su temática gira preferentemente en torno a la
condición humana (nacimiento,
muerte, transformación, renacimiento, transfiguración, espiritualidad…)
Y os
preguntareis… ¿Qué tiene que ver este hombre con mi novela “El Dracón y el lobo
de fuego"? Os cuento:
Creo
que ya he comentado en alguna ocasión que estuve trabajando durante casi siete
años en el Museo Guggenheim-Bilbao. Era auxiliar de sala y pasaba muchas,
muchas horas al día en compañía de las obras de arte que allí se exponían. Resultaba
casi inevitable que el museo se convirtiera una de mis principales fuentes de
inspiración mientras escribía “Aurrimar. La leyenda del Dios Errante” y “El
Dracón y el lobo de fuego”. Siempre llevaba los bolsillos de la chaqueta del
uniforme llenos de cuartillas A5 dobladas por la mitad para apuntar cualquier
cosa que me viniera a la cabeza. Ideaba historias, escribía sin parar, y así,
los muchos ratos muertos que se producían cuando no había público, transcurrían
de forma mucho más entretenida y productiva.
Bill
Viola: Retrospectiva (2017), fue la última gran exposición en la que estuve
presente y una de las que más disfruté como trabajadora del museo. Seguramente
la mayoría de mis compañer@s no opinarían lo mismo: diez horas al día en salas
oscuras, de pie, viendo siempre los mismos vídeos, vigilando que los visitantes
no estropearan las instalaciones con alguna imprudencia… Desde luego no parece
el mejor de los planes. Pero para mí fue una de las experiencias más relajantes
tras muchos años trabajando allí; y Bill Viola se convirtió en uno de mis
artistas favoritos. Antes, ni siquiera había oído hablar de él.
La
mayoría de los vídeos de esta retrospectiva eran lentos, muy lentos, pausados,
durante minutos apenas pasaba nada en ellos. Realizados para disfrutarlos sin
prisas, en modo contemplativo, esperando la sorpresa que escondían o
simplemente reflexionando sobre lo que allí se mostraba o sugería. Pequeñas y medianas pantallas o grandes
instalaciones, la variedad era rica en
experiencias. En algunas de ellas se proyectaban personas caminando por un
paisaje árido, simplemente eso, caminaban hasta que se encontraban en un punto
y daban la vuelta o se volvían a separar. En otra sala por ejemplo, en total oscuridad, proyectadas sobre dos losas de granito negro, una pareja de ancianos, completamente desnudos, estudiaban su cuerpo con una pequeña luz, muy lentamente, como si el
tiempo ya no importara, concienzudamente, buscando la muerte…
Obras
todas ellas que me resultaban hipnóticas, aunque supongo que para mucha gente
eran simplemente aburridas porque en apariencia nada sucedía en ellas. Me daba
rabia cuando los visitantes se pasaban por las salas sin pararse a mirar,
saliendo de ellas aburridos, perdiéndose lo más interesante que estaba por
llegar. Está visto que la paciencia no es nuestro fuerte.
Pero
a lo que iba en esta publicación… En esa época yo estaba escribiendo “El Dracón
y el lobo de fuego”, y reconozco que andaba un poco perdida: no acababa de visualizar
uno de los escenarios más importantes de la trama. Y fue Bill Viola el que me mostró el camino.
El fuego
y el agua eran elementos recurrentes en muchas de las proyecciones. Elementos contrapuestos,
pero al mismo tiempo complementarios y que podían coexistir en perfecta armonía
dentro de la misma obra. Justo lo que yo necesitaba en el Templo de los Misterios:
un lugar de paz, espiritualidad y comprensión de los opuestos. Un enclave
poderoso en el que fuego y agua guiarían a mis personajes hacia el clímax de la
historia.
En concreto,
fueron tres obras las que me abrieron la mente y pusieron fin a mi bloqueo: Night Vigil, Fire Woman y Tristan’s Ascension. Son descritas de la siguiente manera en la web del museo.
NIGHT VIGIL
Las imágenes
de Vigilia nocturna (Night Vigil)
provienen de una producción de la ópera de Richard Wagner Tristán e Isolda,
una colaboración entre el director Peter Sellars, el director de orquesta
Esa-Pekka Salonen, Bill Viola y la productora ejecutiva Kira Perov (vídeo,
2004–05). La leyenda original de Tristán e Isolda es la historia de un amor tan
intenso y profundo que resulta imposible contenerlo en los cuerpos físicos de
los amantes. Para satisfacer sus deseos, en último término los protagonistas
deben trascender la vida y llegar a un lugar que está más allá de las
polaridades de luz y sombra, masculino y femenino, vida y muerte, tiempo y
eternidad.
La
instalación Vigilia nocturna consiste
en un díptico de vídeo retroproyectado sobre pantallas contiguas. El vídeo
muestra una secuencia en la que un hombre y una mujer, separados por la
oscuridad en plena noche, se ven atraídos el uno hacia el otro, y hacia la
fuente de luz que ilumina su deseo. Cada uno emprende un viaje individual para
alcanzar su objetivo: el de él es un viaje externo de acción, un largo trayecto
en medio de la oscuridad de la noche que conduce a la luz de un fuego
abrasador; el de ella es un viaje interior de contemplación, el encendido
metódico de unas velas hasta que la estancia se ilumina por completo. Aunque
ambos emprenden un viaje solitario y por separado, tienen el mismo destino: la
fusión del yo individual en un mundo que trasciende la muerte.
Y en la sala contigua, sobre una
pantalla gigante de 5,8 x 3,25 se proyectaban dos videos de forma consecutiva:
FIRE WOMAN
Mujer fuego (Fire Woman)es
una visión en la memoria de un hombre que agoniza. La silueta de una mujer
aparece a contraluz ante un muro de fuego. Tras algunos minutos, la mujer
avanza, abre los brazos y se hunde en su propio reflejo. Cuando las llamas de
la pasión y la fiebre envuelven la mirada interior y la revelación de que el
deseo físico ya no regresará ciega al observador, la superficie reflejante se
hace añicos y vuelve a su estado esencial de formas ondulantes de luz pura. Mujer
fuego es una instalación que consiste en una proyección de
imágenes en una gran pantalla vertical. Cuatro canales de sonido envolvente
llenan el espacio.
TRISTAN’S ASCENSION
(THE SOUND OF A MOUNTAIN UNDER A WATERFALL)
La ascensión de Tristán (Tristan’s Ascension)
describe la ascensión del alma después de la muerte, cuando despierta y es
atraído hacia una cascada cuya agua sube en lugar de caer. El cuerpo de un
hombre yace sobre una losa en una sala de hormigón vacía. Unas pequeñas gotas
de agua aparecen a medida que suben desde el suelo y ascienden en el espacio.
Lo que comienza como una llovizna se transforma en un diluvio atronador, y el
agua que cae empuja el cuerpo inerte del hombre, que pronto cobra vida. Sus
brazos se mueven desgarbados y su torso se arquea en las aguas revueltas.
Por
último, todo el cuerpo se alza desde la losa, se eleva por la fuerza del agua y
desaparece por la parte superior de la cascada. El torrente se sosiega
gradualmente y las gotas se van espaciando hasta que solo queda la losa vacía,
brillante sobre el suelo húmedo. La secuencia se proyecta sobre una gran
pantalla vertical montada en la pared. Un sistema de sonido envolvente 4.1
especialmente configurado despliega el sonido en la dimensión vertical del
espacio.
¿Se ha notado que me gustó esta exposición?Ja, ja,
ja... Os dejo el enlace del museo para que podáis leer las descripciones de
todas las obras que se expusieron:
Algunas de ellas podéis verlas en YouTube para haceros una idea. Aunque
la calidad es bastante mala y la experiencia nada tiene que ver con disfrutarlas
en vivo y en directo.
En
ocasiones, resulta complicado buscar nombre propios para todas las
localizaciones que aparecen en una novela tan extensa como es “Aurrimar. La leyenda del Dios Errante”.
Los personajes de esta compleja trilogía se desplazan continuamente por las
diferentes tierras que conforman lo que es conocido como el Continente. Ya sea
en barco, a pie o a caballo, sus emocionantes aventuras nos llevarán
inevitablemente a conocer todos y cada uno de los enclaves que aparecen en el
mapa al comienzo del libro.
En
dicho mapa, se encuentran bien señalizadas con una estrella, las ciudades portuarias
que forman parte de la Confederación de Puertos, dirigida por la poderosa
Cofradía, y que a su vez, está compuesta por los más ricos e influyentes
comerciantes y armadores de los Siete Puertos.
Bilaboo
es uno de esos puertos, el más pequeño, pero no por ello menos importante, debido
sobre todo a su estratégica situación geográfica. Asentado en la parte más oriental
del extenso brazo de mar conocido como La Lengua, son sus barcos los que
mantienen el comercio abierto con la vecina e independiente (y en ocasiones
belicosa) Samia. Además, es el último puerto de la Confederación en el que
poder avituallarse antes de iniciar la peligrosa travesía a través del paso
denominado El Nido, que da acceso a la misteriosa Laguna Escondida y al puerto
lacustre que la controla: Guerhotia.
Bilaboo
es también conocido por la maestría de sus artesanos (que proporcionan prestigio y riqueza a la ciudad) y por la bulliciosa animación
que abarrota sus estrechas calles. Se trata de una ciudad eminentemente
estudiantil, con mucha gente joven siempre dispuesta a aprender y a divertirse.
Sus Centros de Formación, Academias y Escuelas, no son tan reputadas y afamadas
como las de Nublia o Puerto Crucero, pero sus precios son mucho más asequibles,
lo que permite a las clases menos favorecidas acceder a una educción superior
de calidad.
¿Y
de dónde procede el nombre de Bilaboo? ¿Cómo se me ocurrió? Muy fácil. Vivo
cerca de Bilbao y es allí donde realicé mis estudios universitarios. Solo tuve
que añadir una letra y cambiar otras de posición y…voilà, ya tenemos a la capital vizcaína
convertida en un exótico puerto situado en un mundo mágico llamado Aurrimar.
Creo que no es ningún secreto para nadie el hecho
de que me gusta la Navidad. La familia, las luces y adornos, las reuniones con
amig@s, los buenos deseos, los regalos… sobre todo los regalos… jajajaja… Mucha
gente la odia, y puede que tengan razón al hacerlo; después de todo, no es más
que una ficción, una ilusión, alta fantasía para la que no todo el mundo esté verdaderamente preparado. Yo, al igual que Obelix, debí caer de pequeñita en alguna
marmita mágica, ya que desde entonces, no he podido resistirme al embrujo de
esa ilusión que se espera durante todo un año. Hasta tal punto es así, que casi
me resulta inevitable reflejarla de algún modo en mis historias.
En “Aurrimar. La leyenda del Dios Errante”
aparece bajo la forma de una festividad denominada Amacram. Una mezcla que contiene
la solemnidad de la Semana Santa, la bulliciosa algarabía callejera de San
Fermín y la mágica ilusión propia de la Navidad.
Es la ciudad de Nublia, el lugar idóneo para
disfrutar estas fiestas. El punto más al oeste del Continente, el escenario
perfecto para contemplar el baile de los astros sobre un horizonte infinito más
allá del mar. Un fenómeno astronómico que se produce cada diez años y que el
clero de la Orden de la Verdad siempre ha pretendido revestir de tintes trágicos,
funestos y amenazantes: una muestra indiscutible del poder de los dioses que, a
su antojo, pueden incluso apagar la fuerza del sol. Sin
embargo, tuvieron que rendirse ante la sabiduría popular: ¡Si este va a ser el día del fin del mundo, disfrutemos de él,
celebrémoslo con alegría! Se adaptaron los ritos para dotarlos de tintes
menos dramáticos, menos lúgubres. Desde La Ciudadela se dirigían los sacrificios, las
ofrendas, las ceremonias y rituales propios de tan solemne festividad, pero
siempre sin coartar el aire festivo y jaranero que domina en la ciudad.
El
Estrella Roja es el último de los barcos de “Aurrimar. La leyenda del Dios
Errante” del que voy a hablaros, ya que al igual que el Pribylon y el Rumor
Clandestino, su bautismo tiene una historia detrás.
Tengo
que reconocer que, para bien o para mal (seguramente esto último), no soy de
las que pierdo demasiado tiempo buscando nombres con los que denominar
personajes, historias, objetos o animales. Generalmente surgen espontáneamente
en mi cabeza por una simple asociación de ideas, o como en este caso, son el
producto de nostálgicos y entrañables recuerdos de infancia o juventud.
Me
gusta ver deporte en la televisión, cualquier tipo de deporte. Uno de mis
mejores recuerdos es estar sentada en el sofá con mi padre disfrutando de un
buen espectáculo de fútbol, pelota, rugby, patinaje, ciclismo, balonmano, lo
que fuera. Pero el baloncesto se llevaba la palma. Nos hacía gritar, saltar de
emoción cuando apenas quedaban unos segundos para terminar el partido y el marcador
se encontraba tan igualado que cualquiera de los dos equipos podía ganar en una
última y afortunada canasta. Las ligas europeas eran las competiciones que más
nos gustaban; siempre repletas de equipos con nombres impronunciables muchos de
ellos (y no digamos sus jugadores), que nos hacían viajar a países que
seguramente nunca visitaríamos. Uno de esos nombres que se quedó grabado en mi
mente fue el Estrella Roja de Belgrado. No me digáis por qué. Porque era fácil de
pronunciar, por su simbolismo… ¡Quién sabe!
El
caso es que a la hora de bautizar el barco capitaneado por Ferdiag Ysenti, ese
nombre surgió como una posibilidad más que aceptable. Podía imaginarme perfectamente
a esa destartalada nave surcando los mares de Aurrimar luciendo una bandera con
una enorme estrella roja de siete puntas en su centro. ¿Y vosotros? ¿Podéis
verlo también?
Ferdiag, capitán del Estrella Roja, fumaba en
su pequeña pipa de amarillento marfil al tiempo que dejaba que su mente se adormeciera muy
lentamente. El aromático humo que desprendía el tabaco procedente del delta del
Belonte, le relajaba y le hacía soñar con alegres y lujuriosas mujeres de tez
morena y formas redondeadas. Hacía unas horas que lo había comprado en el
Mercado Libre, y sin lugar a dudas, era de lo mejor que había probado en mucho
tiempo. Su efecto alucinógeno era poderoso y se dejaba sentir desde la primera
calada. Sonrió satisfecho y con aire ensimismado. "¡Desde luego esto vale el oro
que he pagado por él!", se dijo palpando el saquete de hierba que colgaba de su
cintura, al tiempo que dejaba escapar espesas volutas de humo que ascendían perezosamente, hasta chocar con
la lona del improvisado refugio que se había preparado en la cubierta para
protegerse de la lluvia.
Yolanda Martín López, “Aurrimar. La leyenda del Dios Errante. vol1”
Tras
relataros
en la entrada anterior el origen del Pribylon
(el
barco de los protagonistas de “Aurrimar. La leyenda del Dios
Errante”),
voy a continuar con ellos, con los barcos, que en gran
medida
reflejan la personalidad de sus
tripulantes.
El
Rumor
Clandestino es
el navío de otro de los personajes más importantes de la novela:
Lancer Caradam (también
fue durante un tiempo capitán
del Pribylon, pero deberéis leer el libro para descubrir
los motivos de su marcha). ¿De
dónde proviene el nombre? ¿Me lo inventé de la nada? Debo
responder que... ¡no! Hay una historia detrás de él que os cuento a
continuación.
Escribir
la compleja trama de Aurrimar y, al mismo tiempo, ir inventado
nombres y
nombres con
los que dar vida a
los numerosos
personajes que salpican la historia, comenzaba
a superarme tras haber escrito yaTulos
y Amacram (los dos primeros libros de los tres
que
consta el primer volumen). Debíacontinuar
con la escritura y
aún no tenía
bien definido el trasfondo histórico de Lancer. La cabeza ya no me
daba para más, así que decidí pedirle sopitas a un amigo (después
de todo él había sido el culpable de que yo me pusiera a escribir
ambientacionespara
un juego de rol que al
final se me fue de las manos).
Quedamos
un día para tomar un café y le dije: “Necesito urgentemente un
barco y una tripulación para Lancer Caradam. ¿Puedes ocuparte de
ello?” ¡Dicho y hecho! Tras unos días de espera me pasó dos
listas:
En
la primera figuraban una serie de nombres que podrían servir para
bautizar el barco; todos ellos extraídos de canciones de Héroes
del Silencio,
que es uno de nuestros grupos favoritos. Me gustó la idea y, tras
mucho pensarlo, me decanté finalmente por Rumor Clandestino, que
aparece en la letra de la canción Iberia
Sumergida,
del álbum Avalancha
(1995).
A partir de ahí ya pude iniciar el
tercer libro, Invierno,
cuyo primer capítulo se titula precisamente Rumor
Clandestino.
He de reconocer que tuve que hacer algunos cambios en la trama que
tenía pensada para encajar con precisión el nombre del barco.
IBERIA
SUMERGIDA
Amanecí
con los puños bien cerrados
Y la rabia insolente de mi
juventud
La ingenuidad
Nos absuelve de equivocarnos
Que
cada uno aporte lo que sepa
Te hicieron pan y ahí te
consumimos
Y la venganza es un trasto tan inútil
Este
es mi sitio
Y esta es mi espina
Iberia sumergida
En
sus rumores
clandestinos
Formulas preguntas
Con
semilla de respuesta
Y conozco cual es tu camino
De
memoria
Descreo de la razón de la mayoría
Y sus abrazos
propietarios
Sin salida, no hay salida
Ahora que padeces de
insomnio
Quisieras morir de siesta
Estribillo
En
la otra lista aparecían los nombres y cargos de una tripulación
destinada a grandes hazañas en
esta larga aventura que es“Aurrimar.
La leyenda del Dios Errante”. Nombres
acertados y originales que a mí jamás se me habrían ocurrido, y
que creo
que aportan
un toque de autenticidad que de otra forma no habría conseguido.
Personajes rudos,
de
fuerte personalidad, con los que resulta fácil encariñarse: Alfide
Packar (llamado Alpackar), Tarkio (su nombre proviene de una bestia
del desierto), Señor Tajún, Yerro y su hijo Garrote, el médico
Malakai Zonson. No tuve ningún problema para hacerles interactuar
con el resto de los personajes que ya había creado. Sus
historias se hilvanan y entremezclan con total naturalidad.
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Lancer
salió de su ensoñación bruscamente. Volvió la cabeza, pestañeando
sin parar hasta que reconoció a Pólux, que le observaba preocupado.
“Vuestras vidas cambiarán por completo…”, seguía oyendo las
palabras de Adi pronunciadas hacía tanto tiempo. “¡Y vaya si han
cambiado!” No sabría decir si para mejor o para peor. De lo que sí
estaba seguro es que ya no se reconocía en aquel joven lariano que
apenas sabía nada del mundo. Tampoco su amigo parecía el mismo. Su
oronda figura en nada recordaba al esmirriado muchacho que un día
dejó las minas de su mísera tierra para buscar fortuna. “Bueno,
al menos en algo no ha cambiado: es el mismo vivaracho chismoso de
siempre”, sonrió para sí dando gracias al cielo por el alegre
carácter de su compañero. En silencio, giró la cabeza para posarla
sobre el descascarillado y borroso nombre de la nave que tenía
frente a
él:
Rumor Clandestino.
Yolanda Martín López, “Aurrimar. La leyenda del Dios Errante. vol1”