lunes, 23 de mayo de 2022

Bestiario. 5. Grésicas

Animal vertebrado / Ovíparo / Carnívoro


Descripción:

Las serpientes marinas, conocidas como grésicas, son peligrosos animales marinos de impresionante envergadura. Ágiles y veloces, los ejemplares adultos pueden llegar a medir hasta 15 metros de longitud y pesar varias toneladas. Su color blanco nacarado, las hace visibles desde la distancia en contraste con las oscuras y profundas aguas del océano.

Adaptadas por completo al medio acuático, son incapaces de moverse en tierra. Pese a que la totalidad de su vida transcurre en el mar, no desarrollan grandes aletas. Las de la cola, les sirven para controlar el rumbo, y las más filamentosas de la cabeza y cuello, poseen terminaciones nerviosas que les proporcionan información sobre el medio que les rodea.

Es su poderosa musculatura la que les facilita los desplazamientos por los mares de Aurrimar. Mucho más desarrollada en el cuello, para permitirles sacar la cabeza fuera del agua; ya que, a diferencia de los peces, no poseen branquias, y deben subir a la superficie de forma periódica para respirar; aunque pueden aguantar hasta siete horas sumergidas sin hacerlo.

Su cabeza es pequeña, con una boca repleta de afilados dientes, siempre listos para desgarrar a sus presas. Son uno de los mayores depredadores de Aurrimar. Agresivas por naturaleza, solo temen a las tragias, enormes cetáceos cuya voracidad no parece tener límites.

Las hembras ponen entre 1 y 5 huevos cada año. Los depositan en suelos arenosos de cuevas y grietas, donde por lo general, son protegidos por ejemplares que se encuentran en la etapa final de sus vidas.

Los machos suelen ser de mayor tamaño, aunque su apariencia externa poco les diferencia de las hembras. Unas delicadas aletas escarlatas situadas a ambos lados de la cabeza marcan la diferencia. Aletas cargadas de un poderoso veneno paralizante que es expulsado para combatir a sus oponentes durante el apareamiento.

 

Hábitat:

Recorren los inmensos océanos de Aurrimar de norte a sur y de este a oeste, aunque prefieren vivir en los fríos Mares Turbulentos, donde abunda la caza de gran tamaño. En primavera acuden a aguas más cálidas a desovar. Es El Nido, una cueva natural de gigantescas proporciones, el lugar elegido. Oscuridad y calidez facilitan el desarrollo de los huevos, que permanecerán semienterrados durante casi un año. Eclosionan a finales del invierno. Cuando las crías alcanzan el tamaño que les hará independientes, salen en tropel hacia La Lengua para conquistar los mares; justo antes de que una nueva oleada de hembras preñadas acuda al Nido a depositar sus huevos.

Hay excepciones. Los ejemplares domesticados por los firsianos, permanecen toda su vida en las aguas que rodean Firsia. Dominada su voluntad gracias a los denominados Cuernos de Imar, solo se alejan de la isla cuando sus jinetes así lo deciden.

Los Cuernos de Imar, especie de caramillos fabricados a partir de huesos de tragias, son un elemento fundamental de la cultura firsiana. El dominio del Tamos, el arte de domar serpientes marinas, depende en gran medida de la habilidad del jinete a la hora de ajustar la melodía que extrae de su pequeño instrumento.

Este aislado pueblo del norte, apenas utiliza barcos para sus desplazamientos. Viajan y cazan a lomos de sus grésicas, del mismo modo que los continentales utilizan caballos en sus tierras. En Firsia, la riqueza de un hombre se mide por la cantidad de ejemplares que pueblan sus pozas volcánicas.

Las grésicas son un auténtico trofeo para los marinos del Continente. Si algún barco logra capturar una, su fortuna se verá incrementada de forma instantánea. De ellas se aprovecha todo y, dada la peligrosidad de su captura, los precios que alcanza en los mercados, tanto su carne, como su piel o sus huesos, resultan elevados.

 


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