jueves, 22 de octubre de 2020
sábado, 17 de octubre de 2020
lunes, 5 de octubre de 2020
Buscando Inspiración 2. Rumor Clandestino
El Rumor Clandestino es el navío de otro de los personajes más importantes de la novela: Lancer Caradam (también fue durante un tiempo capitán del Pribylon, pero deberéis leer el libro para descubrir los motivos de su marcha). ¿De dónde proviene el nombre? ¿Me lo inventé de la nada? Debo responder que... ¡no! Hay una historia detrás de él que os cuento a continuación.
Escribir la compleja trama de Aurrimar y, al mismo tiempo, ir inventado nombres y nombres con los que dar vida a los numerosos personajes que salpican la historia, comenzaba a superarme tras haber escrito ya Tulos y Amacram (los dos primeros libros de los tres que consta el primer volumen). Debía continuar con la escritura y aún no tenía bien definido el trasfondo histórico de Lancer. La cabeza ya no me daba para más, así que decidí pedirle sopitas a un amigo (después de todo él había sido el culpable de que yo me pusiera a escribir ambientaciones para un juego de rol que al final se me fue de las manos). Quedamos un día para tomar un café y le dije: “Necesito urgentemente un barco y una tripulación para Lancer Caradam. ¿Puedes ocuparte de ello?” ¡Dicho y hecho! Tras unos días de espera me pasó dos listas:
En la primera figuraban una serie de nombres que podrían servir para bautizar el barco; todos ellos extraídos de canciones de Héroes del Silencio, que es uno de nuestros grupos favoritos. Me gustó la idea y, tras mucho pensarlo, me decanté finalmente por Rumor Clandestino, que aparece en la letra de la canción Iberia Sumergida, del álbum Avalancha (1995). A partir de ahí ya pude iniciar el tercer libro, Invierno, cuyo primer capítulo se titula precisamente Rumor Clandestino. He de reconocer que tuve que hacer algunos cambios en la trama que tenía pensada para encajar con precisión el nombre del barco.
IBERIA SUMERGIDA
Amanecí con los puños bien cerrados
Y la rabia insolente de mi juventud
La ingenuidad
Nos absuelve de equivocarnos
Que cada uno aporte lo que sepa
Te hicieron pan y ahí te consumimos
Y la venganza es un trasto tan inútilEste es mi sitio
Y esta es mi espina
Iberia sumergida
En sus rumores clandestinos
Formulas preguntas
Con semilla de respuesta
Y conozco cual es tu camino
De memoria
Descreo de la razón de la mayoría
Y sus abrazos propietarios
Sin salida, no hay salida
Ahora que padeces de insomnio
Quisieras morir de siesta
Estribillo
En la otra lista aparecían los nombres y cargos de una tripulación destinada a grandes hazañas en esta larga aventura que es “Aurrimar. La leyenda del Dios Errante”. Nombres acertados y originales que a mí jamás se me habrían ocurrido, y que creo que aportan un toque de autenticidad que de otra forma no habría conseguido. Personajes rudos, de fuerte personalidad, con los que resulta fácil encariñarse: Alfide Packar (llamado Alpackar), Tarkio (su nombre proviene de una bestia del desierto), Señor Tajún, Yerro y su hijo Garrote, el médico Malakai Zonson. No tuve ningún problema para hacerles interactuar con el resto de los personajes que ya había creado. Sus historias se hilvanan y entremezclan con total naturalidad.
Lancer salió de su ensoñación bruscamente. Volvió la cabeza, pestañeando sin parar hasta que reconoció a Pólux, que le observaba preocupado. “Vuestras vidas cambiarán por completo…”, seguía oyendo las palabras de Adi pronunciadas hacía tanto tiempo. “¡Y vaya si han cambiado!” No sabría decir si para mejor o para peor. De lo que sí estaba seguro es que ya no se reconocía en aquel joven lariano que apenas sabía nada del mundo. Tampoco su amigo parecía el mismo. Su oronda figura en nada recordaba al esmirriado muchacho que un día dejó las minas de su mísera tierra para buscar fortuna. “Bueno, al menos en algo no ha cambiado: es el mismo vivaracho chismoso de siempre”, sonrió para sí dando gracias al cielo por el alegre carácter de su compañero. En silencio, giró la cabeza para posarla sobre el descascarillado y borroso nombre de la nave que tenía frente a él: Rumor Clandestino.
Yolanda Martín López, “Aurrimar. La leyenda del Dios Errante. vol1”
martes, 22 de septiembre de 2020
Buscando Inspiración 1. Pribylon
Son
muchas las personas que durante estos años me han preguntado de
dónde saco las ideas para escribir mis historias y, sobre todo, la
cantidad de nombres que utilizo. La inspiración para todo ello puede
llegar de cualquier parte: una película, un libro, una frase dicha
por alguien al azar, un cuadro, un paisaje, un refrán, una canción…
Intentaré ir desgranando todos esos pequeños secretos
en sucesivas entradas. ¡Y hay muchos en
La leyenda del Dios Errante!
Tengo que reconocer que concebí la historia como una especie de
homenaje a todo aquello que de alguna manera ha ido marcando mi vida
y modelando mi personalidad a los largo de los años.
Voy a comenzar esta serie que he titulado Buscando Inspiración por uno de esos nombres que se me quedaron grabados de pequeña sin saber muy bien por qué: Pribylon.
Desde un principio tuve muy claro que el barco de mis protagonistas iba a llamarse de esa manera. ¿Por qué? Os lo cuento:
¿Conocéis el film de 1952 El mundo en sus manos (The World in His Arms)? Dirigida por Raoul Walsh y protagonizada por Gregory Peck, Ann Blyth y Anthony Quinn, cuenta las andanzas del capitán Jonathan Clark apodado "el hombre de Boston", dueño de una goleta llamada La peregrina. Un audaz e intrépido cazador de focas que pretende comprarle Alaska a los rusos, y que para ello hace un trato con los banqueros de San Francisco. Sin embargo, esos planes se verán alterados por la aparición en su vida de la condesa rusa Marina Selanova de la que se enamora creyéndola una simple dama de compañía.
Acción, aventura, romance, comedia… ¿Cómo no podía convertirse en una de mis películas favoritas? De niña me encantaba y aún hoy sigo disfrutándola tanto o más que entonces. La veo una y otra vez y nunca me canso.
¿Y qué tiene todo esto que ver con el barco en el que navegan Adilaia de Galatia y sus amigos? ¡Pues muy fácil! ¿Dónde creéis que “el hombre de Boston” cazaba sus focas? “Rumbo a las Pribilon”, repetían una y otra vez los marinos de esa emocionante aventura. O eso era lo que mi mente infantil entendía… Muchos años después, ya desarrollada mi curiosidad por conocer mundo, y tras volver a visionar la película, me dediqué a buscar en el mapa las dichosas islas. ¡Cuál no fue mi sorpresa al descubrir que durante toda mi vida había estado equivocada! No eran las islas Islas Pribilon sino Pribilof, dónde se dirigían La Peregrina y sus competidores. Un conjunto de islas volcánicas situadas entre Alaska y la costa siberiana.
Una simple letra marcaba la diferencia. Pero poco me importaba tan nimio detalle. Para mí siempre terminaría con “n” y me prometí a mí misma que si algún día tenía un barco (algo bastante improbable porque me mareo un montón y tampoco tengo dinero para ello) lo bautizaría con ese nombre.
¡Dicho y hecho! El único barco que poseería jamás estaría en mi imaginación. No necesitaba buscar más. Tenía el nombre perfecto para la nave que capitaneada por Nemaio surcaría con elegancia y bravura todos y cada uno de los mares de un mundo llamado Aurrimar.
Y así fue como las Pribilof del mundo real se grabaron como Pribilon en mi mente infantil y finalmente se convirtieron en Pribylon en La leyenda del Dios Errante.
"Cogió el pesado libro de registro de manos del diligente empleado y se encaminó al rincón más apartado de la sala de consultas, lejos de miradas indiscretas. Sentado junto a una amplia ventana, comenzó a pasar con avidez las hojas hasta llegar a las anotaciones correspondientes a las últimas llegadas. Efectivamente, allí estaba: Pribylon, navío de dos palos. Origen: Islas Olvidadas. Capitán: Nemaio Mogar. "¡Sí, tiene que ser él!", se dijo a sí mismo recordando el aspecto peculiar del desconocido. El barco había atracado hacía dos días en el extremo más alejado del Puerto Viejo."
Yolanda Martín López "Aurrimar. La leyenda del Dios Errante. vol1."
domingo, 14 de junio de 2020
Bestiario 3. Piwilis
Animal vertebrado / Mamífero / Omnívoros
Cuando un piwili
se coloca a la defensiva, bien para responder a una agresión o para mostrar su
mal humor, una pequeña parte de su pelaje se transforma en finas púas de varios
centímetros de longitud que salen despedidas como dardos a varios metros
distancia. Dichas agujas son altamente venenosas y resultan mortales para la
mayoría de las especies. Los humanos aún no han descubierto el antídoto para
tan potente veneno. También su larga cola se endurece y eriza como si fuera una
lanza. Manejada con maestría por estos pequeños animales, puede producir
profundas heridas en sus enemigos, siendo incluso capaz de perforar (si se
aplica con la suficiente potencia) pieles acorazadas como la de los strigalhs
o los armadillos dorados. Heridas que con el tiempo se infectarán
ocasionando la más que probable muerte de su víctima.
Machos y hembras apenas
muestran diferencias morfológicas. Los machos son un poco más grandes y
pesados, siendo también el tono de su pelaje algo más oscuro. Sus órganos
sexuales quedan tan escondidos bajo la gran masa de pelo de los envuelve, que
no son apreciables a simple vista, por lo que es difícil distinguirlos.
Los piwilis no alcanzan
la plenitud sexual hasta los cinco años. Son una especie longeva, pudiendo
llegar a los ochenta años de vida. No es fácil que un piwili se
empareje, pero cuando lo hace, su unión durará hasta que uno de los miembros de
la pareja muera. Las hembras pueden tener varias camadas a lo largo de su vida
(el período de gestación es de cinco meses), y generalmente consisten en dos o
tres cachorros que amantarán durante el primer año de vida. Los piwilis
nacen indefensos, no desarrollarán sus mortíferas capacidades hasta cumplir los
tres años, por lo que dependen por completo de la protección de sus padres para
sobrevivir. Diminutos al nacer, parecen auténticas bolitas de pelo de aspecto
frágil y adorable. De un color marrón bastante oscuro, no obtendrán la cálida y
dorada tonalidad que caracteriza a su especie hasta la plena madurez.
De nariz puntiaguda,
orejas pequeñas y redondeadas, ojos negros… Todos sus sentidos se encuentran
perfectamente adaptados a la caza, tanto diurna como nocturna. Sus principales
presas son pequeños mamíferos como los ratones o grandes insectos como los escarabajos
colosos, muy abundantes en los oasis del desierto de Zahrs.
Son animales sumamente golosos
y adoran la fruta madura. Como no son trepadores, se tienen que conformar con
la que se deja caer de los árboles o con la que los humanos comparten con
ellos. Su convivencia con los hombres ha hecho que desarrollen también un gusto
especial hacia los alimentos cocinados por estos.
Son animales feroces y
valientes, muy fieles, siempre dispuestos a defender a los suyos. Los Tulos del
desierto los han utilizado desde tiempos inmemoriales como protectores de sus
hijos y sus rebaños. Nada se escapaba a sus agudos y bien desarrollados
sentidos, y no tardan en dar la alarma con agudos chillidos ante cualquier amenaza.
De inusual y despierta inteligencia, llegan a establecer verdaderas relaciones de aprecio y amistad con aquellos humanos especialmente dotados para comunicarse con ellos. Algunos pueblos, como los Zurianos, incluso los consideran, por su capacidad de comprensión y entendimiento (aunque no hayan desarrollado una cultura material propiamente dicha), como miembros de pleno derecho de las denominadas Razas Ocultas a las que ellos mismos pertenecen.
Hábitat: los piwilis son animales difíciles
de ver. Son grandes desconocidos para la inmensa mayoría de los
habitantes de Aurrimar. La dificultad para su reproducción en cautividad hace
que su número sea reducido y que su precio sea elevado en los mercados más
importantes del desierto, como el del oasis de Taleg. Un lujo generalmente
destinado a los más pudientes; aunque no resulta raro encontrarlos en viviendas
más modestas fruto de algún encuentro casual en libertad.
Es en estos áridos parajes
del desierto de Zahrs donde se concentra el mayor número de individuos. En
ocasiones aparecen de forma aislada en otros puntos del Continente, pero esto
es debido sobre todo al tráfico comercial de animales exóticos, muy popular
entre las clases acomodadas de los Siete Puertos.
Sin embargo, no son pocos los que dudan de que sean animales originarios del desierto. Su espeso pelaje no parece una buena adaptación a las tórridas condiciones atmosféricas de esas latitudes. Los pequeños animalillos sufren con las elevadas temperaturas y la deshidratación se encuentra entre sus principales causas de fallecimiento.
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Las bandejas fueron
dispuestas delante de los invitados y del Patriarca. Pristi, agarró la suya y,
sin esperar más indicaciones y olvidándose de cualquier tipo de protocolo,
comenzó a saborear lo que para ella eran auténticos manjares.
—Por favor, estaréis
hambrientos después de tanto caminar por el Inframundo
—les invitó Quinamilot—. ¡Espero que os guste!
Es liebre de arena con mermelada de dátiles. —El viejo zuriano
sonrió ante la cara de sorpresa de los dos hermanos—. ¡Sí, lo hemos preparado
en vuestro honor! Nuestros alimentos habituales tal vez no sean de vuestro
agrado… ¡Pero el agua es excelente!
—Gracias por las
molestias —dijo
Meda mientras le ofrecía un buen trozo de carne a Ramita, que se había acercado
hasta él buscando su parte.
—¿Sabes? —le indicó Quinamilot al
contemplar la escena—. Los piwilis también forman parte, aunque en una
escala menor, de las Razas Ocultas. No han desarrollado ninguna cultura… pero
son inteligentes.
—¿Por eso puedo
entenderla, porque tiene un idioma propio?
—¡No sólo por eso!
También porque eres especial, porque posees esa habilidad que te proporciona tu
sangre, tu herencia… —Y mirando directamente a los ojos a Meda, añadió en su
propio idioma—. El resto de los humanos no puede entender nada… como tu
hermano en estos momentos.
"Aurrimar. La leyenda del Dios Errante", vol1. Libro 1 - Tulos







