sábado, 7 de noviembre de 2020
lunes, 2 de noviembre de 2020
Memoria celular
El lacerante dolor consumía su mente, pero no podía dejar de reír. Una risa histérica, nerviosa, de puro terror. La imagen que le devolvía el espejo resultaba demasiado esperpéntica como para no hacerlo. Una imagen escalofriante, pero fascinante en su propia monstruosidad.
No podía negarlo: habían sido divertidos aquellos viajes con sus amigos. Pequeñas escapadas en el tiempo, hacia adelante y hacia atrás de sus años compartidos. Ese era el límite: tu propia existencia.
Era lo más cool entre las clases acomodadas. El gran entretenimiento del momento. Pero nadie se había molestado en avisarle de la letra pequeña que se escondía en el archivo adjunto del contrato. Bueno, en realidad, la agencia sí que lo había hecho. Le había proporcionado la clave para abrirlo, pero él no creyó necesario leerlo. Ninguno de sus amigos lo había hecho; ni nadie que él conociera. ¿Para qué si todo el mundo viajaba sin contratiempos?
¡También es mala suerte!, se carcajeaba al ver cómo la piel de su rostro recuperaba la tersura de la niñez en un abrir y cerrar de ojos.
Un caso entre diez millones, decía el maldito informe médico que brillaba en la pantalla de su ordenador. Se desconocía la causa que desencadenaba semejante fenómeno. Por lo que parecía, en algunos individuos (demasiado pocos como para tenerlos en cuenta y arruinar así el negocio), las células, al regresar del salto, no se sincronizaban correctamente con el tiempo del que habían partido. Recordaban dónde habían estado, el viaje que habían realizado.
Su brazo izquierdo era ya un muñón, y su mano derecha comenzaba a convertirse en polvo, que caía en silencio, como la arena de un reloj, formando un montoncito picudo a sus pies. Notaba su pecho arder. El esternón se contraía a demasiada velocidad. En pocos segundos ya no podría albergar los órganos de un hombre adulto. Le quedaba poco tiempo.
Entre lágrimas, trató de sonreír al bebé desdentado que le miraba con ojos viejos y sabios desde el otro lado del espejo. Sus rodillas cedieron con un cruel chasquido, convertidas en un amasijo de huesos desunidos. Le faltaba el aire. El dolor fue agudo pero breve. Su corazón por fin había estallado, comprimido por sus infantiles costillas.
En el suelo, un amasijo de incongruentes restos humanos que el ADN demostraría que pertenecían a un mismo individuo. Una vida desmembrada; una vida que no había llegado a ser vivida realmente. Una vida convertida en juego, en broma pesada, en… memoria celular.
domingo, 25 de octubre de 2020
Evanishe
No es la primera vez que esta artista llamada Melanie Delon inspira alguno de mis escritos. Esta imagen en concreto, titulada Toile, me ha dado pie para esta historia macabra, "Evanishe", cuyos versos ni yo misma sé de dónde surgieron, puesto que no es mi estilo habitual. Una novedosa forma de calentar motores para la celebración del día de Todos Los Santos que espero que os guste.
EVANISHE
¿Oís el viento?
De la tierra brota cual suspiro lento.
Cuidaos os digo,
si pronto,
en Noche de Difuntos,
escucháis sus lamentos.
Ángel caído en los primeros momentos
bestia iracunda de los tormentos.
Evanishe es su nombre; hermosa, terrible…
¡Como os lo cuento!
Sombra remota, sueño de invierno,
eterno susurro en la sima del tiempo.
Como lluvia de otoño
lanzáis sobre ella
macabras ofrendas
de muertes ajenas.
Estúpidos humanos…
¡Alimentando a la bestia
que paciente
su cosecha espera!
Suyos son los despojos
suyas las almas sin sueños.
Hueso, carne, tendón y nervio.
Con hilo de niebla teje su tela
estampada en vena, sangre y arena.
No falta mucho…
¿Verdugo, a qué esperas?
¿Duda, miedo, desvarío?
¡Lanzadme ya al abismo
o moriré de hastío!
Ignorantes bastardos
del real desafío...
Puntada de vida yo seré para ella,
el último hilván
en su manto letal.
Manto de carne, sudor y llanto
forjado en eones
por su perverso canto.
Pronto surgirá, pronto se alzará,
y con ella… su verdad.
En la Noche de Difuntos,
pálida, furiosa,
a su aliada la Muerte sonreirá
en la guerra que contra humanos y dioses
desencadenará.
¡Oh, sí!, así sucederá.
Suya será la venganza
y mía será la chanza
cuando con ella regrese
para reinar.
A ella uno mi destino
a ella mi alma cedo
para así por siempre adorar
a mi musa, mi amor,… mi credo.
Yolanda Martín López
jueves, 22 de octubre de 2020
sábado, 17 de octubre de 2020
lunes, 5 de octubre de 2020
Buscando Inspiración 2. Rumor Clandestino
El Rumor Clandestino es el navío de otro de los personajes más importantes de la novela: Lancer Caradam (también fue durante un tiempo capitán del Pribylon, pero deberéis leer el libro para descubrir los motivos de su marcha). ¿De dónde proviene el nombre? ¿Me lo inventé de la nada? Debo responder que... ¡no! Hay una historia detrás de él que os cuento a continuación.
Escribir la compleja trama de Aurrimar y, al mismo tiempo, ir inventado nombres y nombres con los que dar vida a los numerosos personajes que salpican la historia, comenzaba a superarme tras haber escrito ya Tulos y Amacram (los dos primeros libros de los tres que consta el primer volumen). Debía continuar con la escritura y aún no tenía bien definido el trasfondo histórico de Lancer. La cabeza ya no me daba para más, así que decidí pedirle sopitas a un amigo (después de todo él había sido el culpable de que yo me pusiera a escribir ambientaciones para un juego de rol que al final se me fue de las manos). Quedamos un día para tomar un café y le dije: “Necesito urgentemente un barco y una tripulación para Lancer Caradam. ¿Puedes ocuparte de ello?” ¡Dicho y hecho! Tras unos días de espera me pasó dos listas:
En la primera figuraban una serie de nombres que podrían servir para bautizar el barco; todos ellos extraídos de canciones de Héroes del Silencio, que es uno de nuestros grupos favoritos. Me gustó la idea y, tras mucho pensarlo, me decanté finalmente por Rumor Clandestino, que aparece en la letra de la canción Iberia Sumergida, del álbum Avalancha (1995). A partir de ahí ya pude iniciar el tercer libro, Invierno, cuyo primer capítulo se titula precisamente Rumor Clandestino. He de reconocer que tuve que hacer algunos cambios en la trama que tenía pensada para encajar con precisión el nombre del barco.
IBERIA SUMERGIDA
Amanecí con los puños bien cerrados
Y la rabia insolente de mi juventud
La ingenuidad
Nos absuelve de equivocarnos
Que cada uno aporte lo que sepa
Te hicieron pan y ahí te consumimos
Y la venganza es un trasto tan inútilEste es mi sitio
Y esta es mi espina
Iberia sumergida
En sus rumores clandestinos
Formulas preguntas
Con semilla de respuesta
Y conozco cual es tu camino
De memoria
Descreo de la razón de la mayoría
Y sus abrazos propietarios
Sin salida, no hay salida
Ahora que padeces de insomnio
Quisieras morir de siesta
Estribillo
En la otra lista aparecían los nombres y cargos de una tripulación destinada a grandes hazañas en esta larga aventura que es “Aurrimar. La leyenda del Dios Errante”. Nombres acertados y originales que a mí jamás se me habrían ocurrido, y que creo que aportan un toque de autenticidad que de otra forma no habría conseguido. Personajes rudos, de fuerte personalidad, con los que resulta fácil encariñarse: Alfide Packar (llamado Alpackar), Tarkio (su nombre proviene de una bestia del desierto), Señor Tajún, Yerro y su hijo Garrote, el médico Malakai Zonson. No tuve ningún problema para hacerles interactuar con el resto de los personajes que ya había creado. Sus historias se hilvanan y entremezclan con total naturalidad.
Lancer salió de su ensoñación bruscamente. Volvió la cabeza, pestañeando sin parar hasta que reconoció a Pólux, que le observaba preocupado. “Vuestras vidas cambiarán por completo…”, seguía oyendo las palabras de Adi pronunciadas hacía tanto tiempo. “¡Y vaya si han cambiado!” No sabría decir si para mejor o para peor. De lo que sí estaba seguro es que ya no se reconocía en aquel joven lariano que apenas sabía nada del mundo. Tampoco su amigo parecía el mismo. Su oronda figura en nada recordaba al esmirriado muchacho que un día dejó las minas de su mísera tierra para buscar fortuna. “Bueno, al menos en algo no ha cambiado: es el mismo vivaracho chismoso de siempre”, sonrió para sí dando gracias al cielo por el alegre carácter de su compañero. En silencio, giró la cabeza para posarla sobre el descascarillado y borroso nombre de la nave que tenía frente a él: Rumor Clandestino.
Yolanda Martín López, “Aurrimar. La leyenda del Dios Errante. vol1”
martes, 22 de septiembre de 2020
Buscando Inspiración 1. Pribylon
Son
muchas las personas que durante estos años me han preguntado de
dónde saco las ideas para escribir mis historias y, sobre todo, la
cantidad de nombres que utilizo. La inspiración para todo ello puede
llegar de cualquier parte: una película, un libro, una frase dicha
por alguien al azar, un cuadro, un paisaje, un refrán, una canción…
Intentaré ir desgranando todos esos pequeños secretos
en sucesivas entradas. ¡Y hay muchos en
La leyenda del Dios Errante!
Tengo que reconocer que concebí la historia como una especie de
homenaje a todo aquello que de alguna manera ha ido marcando mi vida
y modelando mi personalidad a los largo de los años.
Voy a comenzar esta serie que he titulado Buscando Inspiración por uno de esos nombres que se me quedaron grabados de pequeña sin saber muy bien por qué: Pribylon.
Desde un principio tuve muy claro que el barco de mis protagonistas iba a llamarse de esa manera. ¿Por qué? Os lo cuento:
¿Conocéis el film de 1952 El mundo en sus manos (The World in His Arms)? Dirigida por Raoul Walsh y protagonizada por Gregory Peck, Ann Blyth y Anthony Quinn, cuenta las andanzas del capitán Jonathan Clark apodado "el hombre de Boston", dueño de una goleta llamada La peregrina. Un audaz e intrépido cazador de focas que pretende comprarle Alaska a los rusos, y que para ello hace un trato con los banqueros de San Francisco. Sin embargo, esos planes se verán alterados por la aparición en su vida de la condesa rusa Marina Selanova de la que se enamora creyéndola una simple dama de compañía.
Acción, aventura, romance, comedia… ¿Cómo no podía convertirse en una de mis películas favoritas? De niña me encantaba y aún hoy sigo disfrutándola tanto o más que entonces. La veo una y otra vez y nunca me canso.
¿Y qué tiene todo esto que ver con el barco en el que navegan Adilaia de Galatia y sus amigos? ¡Pues muy fácil! ¿Dónde creéis que “el hombre de Boston” cazaba sus focas? “Rumbo a las Pribilon”, repetían una y otra vez los marinos de esa emocionante aventura. O eso era lo que mi mente infantil entendía… Muchos años después, ya desarrollada mi curiosidad por conocer mundo, y tras volver a visionar la película, me dediqué a buscar en el mapa las dichosas islas. ¡Cuál no fue mi sorpresa al descubrir que durante toda mi vida había estado equivocada! No eran las islas Islas Pribilon sino Pribilof, dónde se dirigían La Peregrina y sus competidores. Un conjunto de islas volcánicas situadas entre Alaska y la costa siberiana.
Una simple letra marcaba la diferencia. Pero poco me importaba tan nimio detalle. Para mí siempre terminaría con “n” y me prometí a mí misma que si algún día tenía un barco (algo bastante improbable porque me mareo un montón y tampoco tengo dinero para ello) lo bautizaría con ese nombre.
¡Dicho y hecho! El único barco que poseería jamás estaría en mi imaginación. No necesitaba buscar más. Tenía el nombre perfecto para la nave que capitaneada por Nemaio surcaría con elegancia y bravura todos y cada uno de los mares de un mundo llamado Aurrimar.
Y así fue como las Pribilof del mundo real se grabaron como Pribilon en mi mente infantil y finalmente se convirtieron en Pribylon en La leyenda del Dios Errante.
"Cogió el pesado libro de registro de manos del diligente empleado y se encaminó al rincón más apartado de la sala de consultas, lejos de miradas indiscretas. Sentado junto a una amplia ventana, comenzó a pasar con avidez las hojas hasta llegar a las anotaciones correspondientes a las últimas llegadas. Efectivamente, allí estaba: Pribylon, navío de dos palos. Origen: Islas Olvidadas. Capitán: Nemaio Mogar. "¡Sí, tiene que ser él!", se dijo a sí mismo recordando el aspecto peculiar del desconocido. El barco había atracado hacía dos días en el extremo más alejado del Puerto Viejo."
Yolanda Martín López "Aurrimar. La leyenda del Dios Errante. vol1."







